No, no me he equivocado escribiendo el título. Uno de mis mejores amigos tiene depresión postparto, os lo cuento.
Hace unos 7 años aproximadamente, mi amigo se fue a trabajar a EEUU. Buen empleo, buen sueldo, buena casa, comodidades, etc. Al poco, empiezó una relación con una chica un poco más joven que él y todo fue bien casi desde el principio. Ella estaba estudiando un doctorado porque tenía grandes aspiraciones, y solo vino 3 veces a España. La impresión general que nos causó a todos los amigos del grupo fue buena, pero había algo que tanto a mí como a otras dos amigas que no nos terminaba de convencer, solo que no sabíamos explicar lo que era.
Hace un año, a mi amigo le salió una buena oportunidad laboral y decidió volver a España, y como ella no había encontrado trabajo de su rama, le acompañó para aprender mejor el castellano y enriquecer su currículum. Al poco tiempo, se percató que estaba embarazada y estalló la bomba.
La pareja tuvo una crisis gigante porque ella no quería tener hijos, solo que nunca había sido sincera con mi amigo al respecto. Es decir, lo habían hablado en algún momento pero ella no le había dicho la verdad para no perderle. Mi amigo estuvo destrozado durante dos semanas porque no sabía que quería hacer ella, si seguir con el embarazo o abortar.
Finalmente, ella decidió seguir con el embarazo y mi amigo pudo respirar tranquilo durante unos meses. Cuando él nos preguntaba a las madres del grupo de amigos, todas le decíamos que se calmara, que era normal estar insegura o tener miedos durante el embarazo, que seguro que cuando tuviese a la niña en sus brazos, su novia cambiaría de idea respecto a la idea de la maternidad…
Pero nada de eso pasó.
Cuando nació la pequeña, ella apenas la sostuvo un minuto por lo que nos contó mi amigo. El equipo médico se percató que algo grave pasaba y a los dos días del parto, una psicóloga especializada les visitó en la habitación. La chica se negó a hablar, solo quería estar sola y alejada de la recién nacida. Al tercer día, poco antes de recibir el alta, llegó a la habitación del hospital una abogada con toda la documentación preparada: la americana (como la llamamos desde entonces) había solicitado que la custodia la tuviese en exclusiva mi amigo. Ella renunciaba a la niña.
Mi amigo quedó en shock, pero firmó toda la documentación y se fue a casa de su madre hasta que la chica recogió sus cosas y regresó a EEUU dos semanas más tarde del nacimiento de su hija. Desde entonces (y ya han pasado casi 4 meses), mi amigo ha hecho de padre y madre, ha recibido ayuda de su círculo más cercano y su familia (sus padres, divorciados y llevándose fatal, han hecho un buen equipo). Pero toda la situación le ha pasado factura.
Se siente desbordado, agotado, agobiado porque la baja por paternidad se le termina. Hay días que su madre nos ha llamado a alguna de las amigas que hemos sido madres para suplicar que le hiciésemos una visita porque no paraba de llorar, repitiendo que su hija no se merece el rechazo de su propia madre. Apenas ha comido o dormido bien en las últimas dos semanas, así que hoy ha ido a su primera consulta psicológica después de nuestra insistencia.
El psicólogo lo ha derivado a una especialista en depresión postparto para que le vean de forma conjunta los dos profesionales.
Le queda un largo recorrido, pero al menos está recibiendo ayuda y saldrá de esta. Adora a su hija, pero se está olvidando de sí mismo y mantiene la esperanza de que la americana vuelva.
