Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
MI CUÑADA ES MUY CANI
He tenido un bebé hace hoy seis meses. Reconozco que me han ofrecido ropa para no tener que comprarla, pero, si os soy sincera, soy pobre pero no lo asumo. No quiero ponerle ropa usada, así que ahí están todos mis ahorros, disolviéndose en tarjetazos en tiendas que huelen a chuches.
Como tampoco me gusta llevarlo como un fantoche con tres tallas más, la ropa que le compro le dura un mes escaso. Eso sí, puedes hacerle fotos a cualquier hora y cualquier día del año, porque parece que vive en un escaparate permanente de El Corte Inglés.
La consecuencia de todo esto es que la ropita que ya ha desechado está tan nueva que podría hasta descambiarla donde la compré. La tengo toda dobladita y metida en un tupper gigante que perfuma la casa entera a suavizante caro.
El caso es que mi cuñada se ha quedado embarazada y espera que “Izan” llegue en el mes de enero. Mi suegra, que tiene una favorita bastante clara, me ha dicho que guarde todo lo que no necesite de mi hijo para pasárselo a ella, porque su situación económica es más precaria que la mía (no sé en qué momento esta señora ha mirado mi cuenta del banco).
En líneas generales yo soy muy generosa y regalo todo lo que tengo sin pensarlo demasiado, pero es que mi cuñada es muy cani. Es más buena que el pan, sí, pero con un gusto regulero. Tiene un estilo tan distinto al mío que, cuando estamos en un bar esperando mesa, nunca se dan cuenta de que vamos juntas. Yo soy de uñas cortitas, pelo natural y maquillaje básico; ella es de tatuajes, uñas acrílicas y delineados de colores, largos y bien marcados.
Para mí, un bebé tiene que vestirse como un bebé: leotardos, rebecas, ranitas y colores pastel. Ella es más de vaqueros, polares y negro riguroso. Ella ya tiene montones de ropa metidos en bolsas gigantes, amontonadas como en un día de liquidación de outlet de Mango: ropa de su hermana, de su amiga, de su jefa, de su compañera de trabajo, de la vecina de su madre, del primo de la pareja de su madre, todo quisqui le da porquerías…. Y yo no quiero que la ropita de mi hijo acabe así. Porque, para colmo, sé que probablemente ni se la va a poner.
Y en esa tesitura me encuentro: hacer de tripas corazón y dársela, o hacerme la tonta y guardarla para otra persona…o por si viene otro bebé, que sinceramente, espero que no. ¿Vosotros que haríais?
