Necesito contaros esto en parte para sacarmelo de encima, en parte para que me digáis si esto es normal (aunque ya intuyo que muy normal no es).
El caso es que hace un año corté con el que hoy en dia es mi ex. La relación iba bien al principio, fueron tres años de mucha complicidad, apenas discutíamos por nada, pero hacia el último año las cosas empezaron a torcerse. Yo lo viví como si él empezara a sacar una cara suya que no conocía.
Al principio le tenía por un chico amable, divertido, con la cabeza bien amueblada y muy racional. Me fascinaba la capacidad que tenía de mantenerse sereno en situaciones donde yo quizás me subiría por las paredes, me daba seguridad como siempre lo meditaba todo y veía todos los puntos de vista.
Primero fue su racismo. Empezó a sacar una forma de pensar que no sabía que tenía, me contó que se había planteado votar a Vox, que creía que los imigrantes sólo venían a robar. Cabe decir que yo soy hija de imigrantes y aunque se lo decía, según él «yo no estaba en el saco porque había nacido aquí». Luego vino el machismo. Empezamos a tener discusiones porque se pasaba el día diciendo que las mujeres estabamos beneficiadas por la ley, que podíamos destrozarle la vida a un hombre si queríamos, que no existía la desigualdad. Llegado este punto yo cada vez me sentía más incómoda a su lado.
Y luego vinieron los ataques de rabia.
Era como vivir con dos personas. Cuando estaba bien, todo iba bien. Pero cuando discutíamos se le iba la cabeza. Gritaba, se liaba a puñetazos con los muebles, decía cosas extremadamente crueles, me desvaloraba, me humillaba. Decía que yo no iba a lograr nada en la vida, que era una cobarde, que no sabía afrontar nada. Que se ponía como se ponía por mi culpa. Con el tiempo empezó a tomarla también contra mi familia: criticaba con saña a mi hermano, decía que era «un inmaduro niño rico de papá», que mi madre estaba loca y que él solo quería protegerme de ellos, que me alejara y él me cuidaría porque «como me quería, mi beneficio era su beneficio». El cuarto acto llegó cuando yo recibí una herencia bastante importante y de repente él quería gestionarlo todo. Yo lo estaba pasando mal, estaba sufriendo un duelo, y bajo el pretexto de «ayudarme porque yo no estaba para nada» tomaba todas las decisiones, hablaba en mi nombre, me anuló totalmente. Estaba tan abducida que llegué hasta a firmarle un papel conforme le daba poder para gestionar mi dinero ante bancos y notarios como él considerara.
Ahora lo pienso y no tengo ni idea de qué me impulsó a hacer eso. Supongo que me tenía totalmente aterrorizada, me había planteado el mundo como un sitio cruel, frío, donde no me podía fiar ni de mi propia familia y él era mi única salvación. Llegué a creérmerlo, y luego me sentía terriblemente culpable por «provocar sus ataques de ira» «a él, que tanto me estaba ayudando».
Y era colectivo, su familia tenía la misma actitud conmigo. Recuerdo una comida familiar en que su hermana, sin ton ni son, dijo «bueno, es que Menganito contigo ha pegado el braguetazo de su vida, ¿eh?» y toda la mesa se rió de mí. Padres, hermanos, primos, todos. Era la tonta, el hazmerreir, la niña huérfana a la que tenía como a un perro con correa.
Y un día abrí los ojos. No sé ni cómo sucedió.
Sólo sé que me di cuenta que eso quizás (solo quizás) estaba rozando el maltrato y la anulación psicológica.
Y huí. Del día a la mañana hice las maletas, me llevé a mis gatos, dije que necesitaba «hacer un poco de retiro espiritual» y me fui a casa de mi madre. Él dijo que estaba loca, depresiva, que lo que necesitaba era un psicólogo pero que entendía que en mi estado hiciera esas cosas raras, pero que por favor cuando se me pasara la tontería hiciera el favor de buscar un psicólogo.

La segunda vez que me acerqué a él fue para decirle en persona que quería cortar y tuvo uno de sus ataques de rabia. Recuerdo estar tirada en el suelo temblando, cubriéndome con los brazos mientras él avanzaba como un toro en mi dirección y el puño en alto dispuesto a pegarme. Grité y supongo que por eso se arrepintió en el último momento y no lo hizo. Luego de eso me fui de la casa y rompí el contacto definitivamente.
Ha pasado un año y las heridas siguen tan frescas como al principio. Estoy lidiando con ataques de ansiedad cada vez que algo me recuerda a él, a esa casa donde vivimos y donde tantos brotes tuvo, ahora tengo fobia hasta al dinero de esa herencia porque es como si me recordara a algo en mi vida que me puso en peligro. Lo tengo apartado, en el banco, incapaz de gastarlo porque me aterroriza. Todo lo que me recuerde a él me aterroriza y creo que no he sido capaz de superarlo.
La parte menos mala de esta historia es que he decidido por fin afrontarlo todo. Hace escasas dos horas por fin me he atrevido a pedir hora con una psicóloga. Y escribo esto llorando porque me ha costado muchísimo llegar hasta aquí.
Deseadme suerte.