Mi hijo tiene 4 años. Es cariñoso, divertido, inteligente… pero no le gusta saludar. Ni dar besos. Ni decir hola a gente que no conoce. Y cada vez que pasa parece que la rara soy yo por no obligarle.
El otro día íbamos por la calle y un vecino al que apenas veo le dijo Hola campeón cómo estás?. Mi hijo miró al suelo, no respondió y siguió caminando. Y el señor en voz alta: Uy qué niño más rancio
Me giré con una sonrisa forzada y le dije: No es rancio, es que no le apetece saludar ahora mismo.
Pero por dentro me ardía todo.
Me ha pasado mil veces. Con familiares, con amigas, con vecinas. Que si a los mayores hay que contestar… y hasta pues yo al mío lo obligo y punto.
Y yo lo siento pero no. No quiero obligarle a besar a nadie si no quiere. Ni a decir hola por compromiso. Tiene 4 años. No es un robot. Tiene derecho a que no le apetezca interactuar todo el rato. Y no, eso no significa que sea maleducado. Significa que tiene límites y personalidad.
Estoy harta de sentir que tengo que pedir disculpas por respetar su espacio.
