Mi madre tiene 74 años y desde que murió mi padre está cada vez más sola. La noto más olvidadiza, más torpe… y aunque intenta hacerse la fuerte ya no es la misma. El otro día se cayó saliendo del súper, no se hizo nada grave pero fue como una señal de alarma. Me dijo que se asustó. Yo también.
Y ahora viene lo difícil: no quiero que venga a vivir conmigo. No porque no la quiera, no porque no me importe. Todo lo contrario. La quiero tanto que me parte el alma. Pero tengo dos niños pequeños, una casa que no da más de sí, un trabajo que me tiene al límite… y no me siento capaz de asumir ese cuidado. No sé si suena cruel.
Estoy mirando residencias cerca, opciones con asistentes, incluso pisos tutelados… pero sé que ella no quiere. Y yo me debato entre hacer lo que ella quiere o lo que yo sé que puedo sostener. Porque si la meto en casa me voy a hundir. Y si no lo hago me siento mala hija.
No sé cuál es la opción correcta. Solo sé que ninguna me hace sentir bien.
