Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Lo descubrí hace dos años. No fue una infidelidad larga más bien un calentón tonto con una compañera del trabajo. Él me lo confesó, lloró, dijo que fue el mayor error de su vida. Y yo decidí quedarme. Por él, por nuestra hija, por todo lo que habíamos construido.
Pero desde entonces… hago cosas. Pequeñas y casi imperceptibles pero llenas de mala leche lo reconozco:
– Le recuerdo en cada discusión lo que hizo.
– Me compro cosas sin consultar, aunque estemos apretados.
– Si me escribe mientras estoy fuera, a veces tardo horas en responder.
– A veces dejo caer lo guapo que está mi compañero del curro.
No soy una persona vengativa o eso creía. Pero algo dentro de mí no se ha curado y en vez de sanar he desarrollado esta forma de castigo silencioso. Lo malo es que me está destruyendo más a mí que a él porque en realidad yo soy consciente de l oque hago pero a él parece no afectarle.
¿Es normal o es que en el fondo no lo he perdonado nunca?
