Tengo que reconocer que no sé si mi marido ha sido siempre así o ha cambiado con los años.
Llevamos más de quince años juntos, superando problemas y compartiendo alegrías. Tenemos tres hijos juntos, que son lo mejor de nuestra vida.
Hemos pasado todo tipo de fases en nuestra relación. Soy de las que piensan que las relaciones hay que trabajarlas, que no son cuentos de hadas y que para mantenerlas hay que esforzarse.
Pues llevo un tiempo dándole vueltas a un tema y me empieza a preocupar si es mi percepción, si ha sido siempre así y si debería plantearme con quién estoy casada.
Me parece que mi marido nunca asume la culpa, nunca pide perdón, siempre tiene excusas y siempre la culpa es de la situación o de otra persona.
Cuando empecé a darme cuenta me pareció extraño. Tanto que quise recordar todos estos años y no consigo saber si es algo nuevo o es desde que nos conocimos. Lo que no entiendo es cómo no había caído hasta ahora, porque evidentemente la fase de luna de miel inicial de una relación hace mucho que la pasamos y ya nos vemos los defectos. Entonces, ¿cómo no había visto este?
Estoy hablando de fallos menores y mayores. Se le puede olvidar recoger a algún niño del cole y dirá que ha sido culpa del estrés del trabajo. O no comprar plátanos en el súper y que sea porque había demasiada gente. Tengo millones de ejemplos ya.
A veces me enfada porque me echa la culpa a mí. Ha sido capaz de pisarme y ha sido porque yo tenía mal colocado el pie. O de contestarme mal y es porque yo le he agobiado. Nunca es su culpa y nunca pide perdón.
Soy de las que asumen errores y piensan que es la mejor manera de aprender y no volver a cometerlos. Además, las circunstancias no dependen de nosotros, pero las equivocaciones sí y es mejor aceptarlas que echar balones fuera. Al menos yo pienso así.
Pero él, no lo sé. Cada vez que se lo cuestiono por algún caso (grave o no), empieza su retahíla de excusas. Como digo, desde llegar tarde y sea culpa del tráfico (aunque saliera tardísimo y ni un mundo ideal consiguiera llegar a tiempo), a olvidarse de echar la sal a la tortilla y sea porque justo le hablé de otra cosa cuando tenía que echarla.
Sé que a estas alturas no es una red flag y que es lo que hay. Me preocupa que por esto nos podamos distanciar aunque yo no quiera y esto acabe mal.
Quizás estoy siendo demasiado melodramática y me estoy adelantando a los acontecimientos. Pero quiero poner remedio antes de que sea tarde.
