Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi mejor amiga depende de mí.
Con Laura si siempre habíamos sido muy amigas, desde la primaria, con personalidades diferentes, pero siempre la una con la otra.
Su situación familiar, no era buena, sus padres tuvieron un negocio que les hacía estar muchas horas en él, y ella siempre estaba sola y sin ellos, con lo que mis padres, asumieron que eran su segunda familia.
Es así como a veces venía los domingos a comer, pasaba veranos con nosotras, días de Navidad, la recogíamos muchas veces al salir del colegio, y un largo etcétera.
Laura era una chica estudiosa, educada, y muy agradecida por lo que a mis padres les encantaba, mi madre me repetía que debía conservarla y que debía hacerle caso porqué tenía muchas carencias familiares.
Laura estuvo súper agradecida con todo, me admiraba, por la familia que tenía, por mis notas, por mi físico, por todo, pero eso también me agobiaba, creó tanta dependencia, que aunque no me exigía nada, yo tenía que hacer o decir las cosas para que no le sentaran mal.
Pasó a sí nuestra adolescencia, y fuimos a la universidad, allí nuestras carreras se dividieron pero, la tenía en el mismo campus, conoció a nuevas amigas, tuvo algún escarceo amoroso , pero al final todo se resumía en mí.
ME escribía cada día, quería saber qué opinaba de todo, y no podía pasar ni una semana sin quedar.
Cuando yo tenía novios, lejos de sentirse celosa, al contrario, los integraba cómo su familia, y les hacía caso, regalos para Navidad, lo trataba como parte de mí.
El momento de su príncipe azul llegó y se enamoró, empezó una relación con un chico fantástico que hizo que todas sus seguridades y dependencias se disiparan o al menos se redujeran mucho.
Fueron unos buenos años, ya de lleno en la vida adulta, nuestros primeros trabajos, con dinero, viajes, quedábamos, pero sin agobios, y yo no sentía esa presión de tener que contarle todo o darle la cuenta de mi día, se distanció de mí, y empezábamos a tener una relación sana, yo podía respirar.
Todo ello se truncó el día que su novio tuvo un accidente y falleció, justo 2 meses antes de su boda, (ella se casaba primero, y estaba muy ilusionada).
Desde entonces, hemos vivido en un infierno, los estadios del duelo han sido durísimos, la negación, la rabia, el por qué a mí, indicios de depresión y llamadas de atención constante.
Me sabe fatal no darle la atención que se merece, pero llevamos 4 años así y no puedo más, ha ido a terapia, y lo hemos intentado todo, pero no sale del bucle, hay semanas que me las amarga, que cada vez que hago yo algo con mi marido, me hace sentir culpable por hacerlo.
Cuando me quedé embaraza de mi hijo, me sentí culpable y me daba terror decírselo, por miedo a su reacción.
Tiene otros momentos muy buenos, pero cuando se pone en modo tóxico y víctimista es insoportable y sí, ya sé que hay que tener paciencia, pero hay días que no puedo más, y tampoco quiero hacerle daño, ni provocarle más sufrimiento, pero necesito distanciarme.
¿Qué me aconsejáis?
