Me guste o no me guste, mi hija de cinco años ya ha entrado en la rueda de las interacciones sociales. ¿Me parece pronto? Sí. ¿Me puedo negar? ¿Para qué? No va a serla rarita de la clase y tarde o temprano voy a tener que claudicar porque, al fin y al cabo, vivimos en sociedad. Llamadme antisocial, pero es que siempre me han costado las obligaciones sociales y el “bienquedismo”. Pero a ver, que me estoy yendo por las ramas.
El tema es que el otro día una madre del cole nos invitó al cumple de su cría, compañera de clase de mi hija. Nos mandó por WhatsApp la invitación más una lista de posibles regalos (bastante económicos) para elegir uno. Hasta ahí todo bien. Porque, por lo que veo, la tendencia últimamente es montar fiestas cada vez más bestias y con regalos que ni en Navidad. Y oye, que te faciliten la vida proponiéndote cosas que le gusten a la niña evita que te tengas que romper la cabeza y sabes que vas a acertar con el presente.
El problema vino cuando nos dijo que al llegar teníamos que dar el regalo a la madre y así la cría recibiría todos los regalos a la vez, sin saber de quién eran. Supuestamente para evitar comparaciones y para no eternizar el momento de la entrega de regalos y que los niños tuviesen más rato para jugar, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata. Pues esto a mi señora no le gustó nada. A la madre de la niña no le comentó nada, sólo me lo dijo a mí (estuvo un buen rato explicándome por qué le parecía mal, pero yo desconecté rápido), así que ahí se quedó.
El caso es que ayer después de que la cría abriera todos los regalos, se acerca mi mujer a la peque y le da otro regalo delante de los ocho padres restantes. Y se armó una buena, ya que una madre se empezó a reír cuando pasó esto e hizo comentarios con ironía sobre la gente que no sabe comportarse en casa ajena y que se pasa por el forro las peticiones de otros padres en la crianza de sus hijos. Y mi mujer no sé calló tampoco, así que empezaron a discutir yéndose a la cocina.
Yo me quedé en el salón con cara de idiota, sin saber dónde meterme, pidiendo disculpas a los demás, intentando justificar el comportamiento de mi mujer diciendo que igual se le había quedado un paquete en el bolso y se había acordado más tarde. Me empecé a meter en un jardín por intentar disculparla del que no sabía cómo iba a salir hasta que el padre de la cría me dio una palmada en la espalda, como diciéndome que lo dejase y paré. Cuando mi mujer salió de la cocina, dijimos que teníamos que ir a ver a los abuelos y nos fuimos de allí.
Y para colmo, mi mujer de una mala hostia conmigo porque no la defendí. Que si mal marido, que si mal padre… Por mucho que intenté explicarle por qué creía que no se había comportado bien, no hubo manera de convencerla.
No sé yo si, como mínimo este año, no van a invitar a mi hija a ningún cumple o fiesta más…
