Hola amiga, soy yo de nuevo.
No te arrepientas de tu decisión, por mucho que lo quieras o él te quiera a ti, créeme, las personas así no cambian. O si cambian (que lo dudo, la verdad), será porque se han visto entre la espada y la pared, por una necesidad imperiosa.
Él problema es que veis la vida con un sistema diferente de prioridades y si eso no se alinea, la relación va a fracasar. Y desde mi punto de vista, y el de casi cualquier persona, una higiene básica, así como unos mínimos de organización son claves para tener una vida ordenada, y mucho más si pretendes tener una familia.
En mi caso, sin darse cuenta, él entendía que preocuparse por la colada o limpiar las ventanas (por ponerte ejemplos) eran “tonterías”, que yo era una exagerada y que él era un santo varón por aguantar mis neuras pero que me las aguantaba porque me quería.
Comentarte que yo ya había visto signos de estas conductas mucho antes de empezar la convivencia (te hablo de años antes), pero era muy joven yo y también piensas que hablando y tal se entiende la gente. Así que inicié la convivencia con ilusión y energía, pensando que seríamos felices y comeríamos perdices.
Yo soy una persona limpia y ordenada, pero tampoco ninguna loca. No soy millonaria y me gusta mirar por las cosas, tengo gusto para la casa y me gusta que esté bonita. Con poquito que me gastaba me lucía. Pero fue venirse él a mi casa y sitio que le dejaba, sitio que llenaba de mierda (tal cual). Le dejé un lugar que utilizaba yo a modo de oficina y ese lugar se convirtió en un basurero. Cuanto más espacio le dejaba para sus cosas más de mierda lo llenaba (papeles de todo tipo, ceniza, papelinas de cigarro, pelotillas de goma de borrar, etc.).
Le encantaba lo bueno (ropa, accesorios, etc.), y no veo mal que alguien quiera dar una imagen e invertir en cosas de calidad. Pero él, aparte de no ser económicamente boyante y suponer un gran gasto lo que hacía, no miraba nada por las cosas. Pero NADA de nada. Por ejemplo, se compraba una tablet o móvil, y siempre se le rompía el cristal, se compraba una camisa Ralph Lauren y en lugar de reservarla para un trabajo o alguna entrevista se la ponía para estar en casa. Se levantaba por la mañana y en lugar de ducharse, desayunar, fumar y luego vestirse e irse, no, según salía de la cama se ponía la camisa buena oliendo a choto y luego ya hacía su café, fumaba, etc. Total que las camisas siempre le olían mal, tenían cercos amarillos o directamente se deshilachaban.
Si le sobrara el dinero lo podía pasar, pero es que no era el caso. Y lo peor de todo es que, a pesar de dejarse un dineral en ropa, a no ser que coincidiera que fuera de estreno, siempre iba desaliñado.
Con las cosas de la casa, hacía todo a regañadientes hasta el punto en que contraté a alguien y decía que no hacía falta, que para una casa tan pequeña, que era una exagerada.
El problema es que poco a poco fue haciendo mella y me cansé, hasta el punto de convertirme en alguien que no quería ser.
Me desenamoré.
Y él tampoco supo darse cuenta.
Algunas cosillas de las que aún me acuerdo:
Tenía unas plantas en la terraza que llenaba de colillas a modo de cenicero. Se lo dije mil veces y mil veces pasaba.
Un día buscando una olla para hacer unos espaguetis y que no la encontraba, resulta que se le había quemado (a saber cuánto tiempo antes) y la había tenido que tirar. Me jodió tanto que le dije que fuera inmediatamente a comprar una olla y que sin ella no volviera. El problema no es que rompiera la olla (que aún así, bien la tuvo que armar para que se le quemara), sino el poco respeto de no decirmelo, de no reponer algo que yo había comprado y esperar al día que necesitaba el cacharro para que yo me tuviera que enterar.
El sexo por supuesto se redujo a cero, no pocas veces le olía que apestaba lo de abajo, alguna vez por la noche el olor de su axila me despertaba.
Con el tiempo nos convertimos en compañeros de piso, él seguía sin darse cuenta, y yo cada vez con menos paciencia, y siendo hasta borde con él porque llego a un punto que su propia presencia me resultaba insoportable.
Pero repito, no se daba cuenta. Y a mí ya me daba igual. No nos llamabamos ni para cenar juntos, cada uno hacía la compra por su cuenta, salía con mis amigas y pasaba.
Comentar que durante un tiempo mantuve yo económicamente el hogar, pese a que mi sueldo no era muy alto. No es que él no fuera trabajador, pero entre que no tenía suerte y perdía mucho el tiempo, las circunstancias se dieron así. Eso fue al principio. Sin embargo, yo estaba mal laboralmente, sufrí algo de mobbing en el trabajo incluso, y tener esa carga no me permitía saltar a otras opciones laborales pese a que tengo una buenísima carrera y perfil profesional. Esto hizo que poco a poco me hundiera y hubo unos años en los que sentia que la vida se me iba, ya pasaba los 30 y ninguna de las facetas de mi vida estaban bien.
Lo que más me preocupaba es que con alguien así, tener una familia iba a ser del todo imposible (además él era algo más mayor), no puedes encargarle un bebé a alguien con esa forma de hacer las cosas…
No lo dejamos en malos términos, ni mucho menos, pero yo no aguantaba más. No sé si encontrará a otra que lo aguante, desde luego conmigo estaba de puta madre, y se dió cuenta, supongo, algo tarde. Tiempo después visité su casa con motivo de un tema médico suyo y me di cuenta de que seguía con sus mismas actitudes. Decirte que cogí una escoba y le limpié un poco la habitación…
Luego decidí que lo mejor era el contacto cero.
Cuando puse el foco en mí pude lograr un mejor trabajo, ahorrar dinero, cuidar mi físico, mi paz mental y finalmente, tener una pareja que me respeta y un bebé que cuidamos los dos.
Y sí, es una pena que por no lavarse o no tener unos mínimos de higiene y orden una relación que podría ser la ostia se quede en nada. Pero es que si el otro no está dispuesto, poco puedes hacer…
Un abrazo amiga.