Texto enviado por seguidora a [email protected]
Antes de decidirnos a comprarnos una casa, mi pareja y yo estuvimos barajando muchas opciones y miramos todo tipo de viviendas, desde casas recién reformadas hasta nuevas o hasta aquellas que necesitaban una reforma integral. Yo era de las que prefería comprar una vivienda más pequeña, pero que estuviera nueva y en la que ya no tuviésemos que invertir nada de dinero, y él prefería una casa más grande, aunque tuviéramos que ir reformándola poco a poco. Es decir, el presupuesto era el que era, pero a partir de ahí podíamos tomar una decisión u otra.
Yo me enamoré de una casita apareada con un pequeño patio, dos habitaciones, una cocina preciosa y un comedor suficientemente grande y totalmente nuevo. Parecía una casita de revista. Él decía que tenía poco espacio, que quería más patio y que le gustaría que tuviese al menos una habitación más. Vimos otra casa, independiente, mucho más grande, dos pisos, cuatro habitaciones y un patio enorme. Enseguida me intentó convencer de que era mejor esta, que al no ser apareada no escucharíamos igual a los vecinos, que en el patio grande podríamos hacer muchas cosas, una zona de chill out, la zona de la piscina, la zona de la barbacoa, etc. Por dentro, también podríamos disfrutar de más espacio, lo cual era cierto, pero no entendía por qué necesitábamos tanto sitio cuando tenemos claro que no vamos a ser padres.
Al final me convenció, me dijo que desde el momento en el cual entrásemos nos pondríamos manos a la obra con ella y contrataríamos a alguien para hacer las reformas. Compramos la casa que él quería y nos pusimos las pilas haciendo todo aquello que estaba en nuestra mano. Pero evidentemente las reformas más importantes solo pueden hacerlas un profesional y los precios están disparados. Mi pareja, ahora, se niega a hacer obras, dice que así podemos vivir igualmente bien porque por dentro la casa está habitable, la hemos pintado y hemos comprado los muebles nuevos, pero el patio parece el de una casa en construcción y no me siento nada cómoda en él.
Le he dicho que podemos pagarlo a plazos, que al final las reformas se acaban pagando así, pero dice que no quiere coger ningún crédito para hacer ninguna reforma, que ya se hará, que no es algo esencial. No entiendo cómo es capaz de vivir de esa manera y estoy muy molesta porque yo accedí a comprar esta casa con la idea de reformarla, no de vivir en ella como si fuésemos dos personas sin recursos que no podemos vivir en ningún sitio más confortable.
A veces hay que ser conscientes del presupuesto que uno tiene, y si no se puede comprar una casa grande y lujosa se opta por una más pequeña, pero que sea totalmente habitable, no una casa en la que estemos años hasta poder estar a gusto en ella. Ahora siento que ya no puedo hacer nada, que ya he metido todos mis ahorros en ella y me siento engañada. Al final, él se ha salido con la suya sin ser sincero con el dinero que querría gastarse. Solo me quedará hablarlo una vez más e insistir porque soy capaz de acabar separándome por ese motivo, dejar que él se quede la casa, que compre mi parte y yo poder comprarme una vivienda cuca en la que viva de manera cómoda sin tener que hacer ni una sola inversión en ella.
