No puedo creer que esto me haya pasado a mí. Siempre me he preguntado que en qué pensaban las personas que abandonaron a alguien a escasos días o meses de una boda. Me parecen personas terriblemente egoístas, y resulta que yo estaba prometida con uno de ellos.
Llevábamos dos meses de preparativos en los que yo veía que la implicación no era la misma, pero lo achacaba a que él pasa un poco de todo siempre. Pero resulta que no, que mientras yo me desvía por organizar todo para nuestro feliz día, él estaba dándole vueltas a la cabeza, sobre si realmente se quería casar conmigo.
Hace ya una semana que me dio la noticia y se largó a casa de sus padres para tener espacio para pensar.
Yo estoy fatal, no me esperaba esto, pero ya he vivido la parte más dolorosa que ha sido tener que dar la cara ante todo el mundo para avisar de que se suspendía la boda. No sé si es la liberación que siento por haber pasado ya por ese proceso, pero el dolor se está convirtiendo en rabia.
Lo he hablado con mis amigas y creo que la mejor forma de superar esto es odiándole así que a lo mejor ni tan mal sentir esta rabia. ¿Crees que es sano hacerlo así, o mejor intentar respirar y tener una conversación civilizada, aunque termine destrozándome más?
