Hay una vecina con la que me cruzo bastante porque vivimos en la misma calle. Nos saludamos, alguna vez comentamos el tiempo o cualquier tontería, pero poco más. No hemos quedado nunca, no conoce mi vida y yo tampoco la suya.
El otro día nos encontramos cuando iba paseando con mi hija y se acercó a saludarla. Hasta ahí todo normal. Pero antes de irse la miró y le dijo: «Te quiero mucho (y el nombre de mi hija)»
No supe qué decir. Sonreí por educación, pero me resultó bastante incómodo. No porque piense que lo dijera con mala intención, sino porque me chocó escuchar eso de alguien con quien apenas tengo relación.
Porque aunque las cosas se digan con buena intención… hay veces que no vienen al caso.
Desde entonces le doy vueltas y pienso si soy yo la rara, si son pajas mentales mías o es que ha sido un comentario un poco inoportuno.