Recuerdo perfectamente la primera vez que me gritaron gorda, era el chico que por entonces me gustaba, solamente tenia 11 años y aún ahora con 22 recuerdo el frio que me recorrió la espina dorsal des de la punta de la cabeza calando cada uno de mis huesos. Los años fueron pasando, yo no estaba gorda era una adolescente grande con curvas una talla 42, pero siempre la misma historia des de ese día; todo en mi era un segundo plano, nunca confiaba en mi, nunca esperaba que ningún chico en las vacaciones se fijara en mi, tampoco esperaba que alguien se enamorara de mi, ni tampoco que me dieran un beso a la luz de la luna.
Recuerdo perfectamente unas vacaciones en las que me gustó un chico y también recuerdo como a mi amiga le gustaba y como siempre decidí decirle a ella que fuera a por el que a mi no me gustaba, ya que pensé que era imposible que se fijara en alguien como yo. Recuerdo como no podía comer lo que quisiera en casa o pedir algo en el supermercado sin miedo a que mi madre me hiciera llorar o a mi abuela comparándome con mis otras amigas o a mi padre diciendo que si seguía comiendo tendrían que ensanchar las puertas para mi.
Pero lo peor llegó más tarde, crucé las puertas del infierno y viví en el durante al menos 3 años, una enfermedad hormonal se comió mi alma, mi corazón y mi mente y los transportó a el resto de mi cuerpo, engordé mucho y ahí el infierno no era un cuento o una fantasía era una realidad tan dura que era casi insoportable. Recuerdo aún ahora como dolía y ese frío que sentí por primera vez con 11 años era por entonces casi diario en mi hogar. No podía decir que me dolía un pie o la espalda ya que obviamente era por gorda y me hacían llorar con sus palabras despreciadoras, tampoco podía estar en la cama un día entero por estar enferma porque me recordaban lo gorda que estaba y que no estaba haciendo ejercicio, tampoco podía pedir nada en el supermercado porque estaba muy gorda, tampoco podía decir que algo estaba bueno porque me gustaba todo y por esa razón estaba muy gorda. No solamente era eso, mi familia me recordaba que seguramente la familia de mi novio no me quería por como había engordado, cogí miedo a las cenas familiares o las comidas con los amigos de mis padres porque yo era una persona gorda y empecé a pensar que las gordas no se merecían disfrutar con nada, cogí miedo a comer en restaurantes o a comer algo que no fuera una fruta o un plato de verdura en la universidad porque quizás se reirían otra vez de mi. Cogí miedo a que cualquiera me viera desnuda, no fui a la playa o la piscina o alguna fiesta con mis amigos ya que creía que por gorda no debería estar allí, cogí miedo a opinar sobre vacaciones posibles ya que según mi familia me engordaría ya que se come diferente, cogí miedo a vivir, a soñar, a hablar, a reír demasiado, a destacar, a hacer el amor, a bailar, a nadar, a tener hambre, a celebrar, a disfrutar, a encontrarme con la gente, a regresar, a salir de casa en definitiva tuve durante mucho tiempo miedo de existir.