Aún no sé ni cómo estoy escribiendo esto, pero es que es la realidad. Mis padres después de haber pasado las bodas de plata y casi llegar a las de oro se han separado y es la mejor decisión que han tomado nunca.
Todo explotó en la cuarentena, se quedaron los dos solos y encerrados, la rutina calló y con ella todo ruido externo.
Mis padres llevan muchos años sin quererse, sin mirarse, sin apetecerse y sin soportarse si me aprietas. Lo hemos sabido todos siempre, pero siempre ha sido así y nadie a dicho nunca nada, ni si quiera ellos.
Al parecer durante el encierro se gritaron, se enfadaron, se dejaron de hablar y descubrieron que estaban mejor cuando el otro no formaba parte de la ecuación. Entonces se sentaron y por primera vez en muchísimos años hablaron. Hablaron pero de verdad, sin gritos, sin hijos, sin nietos, sin nadie más que ellos dos y lo que les pasaba.
Cuando terminó todo nos lo comunicaron y el drama fue real, estaba claro que era cosa de ellos, pero a todos nos pilló por sorpresa y no todos reaccionamos todo lo bien que deberíamos haberlo hecho.
‘Pero qué vais a hacer el uno sin el otro, pero a dónde vais a ir, pero a estas alturas para qué, pero que tampoco os lleváis tan mal, pero que después de la cuarentena todos estamos un poco mal, pero que se os pasara, pero pero pero…’
Ahora, más de un año después todos somos conscientes. Necesitaban salir uno de la vida del otro, necesitaban espacio, necesitaban ser felices.

Da gusto verlos, de verdad que sí. Mi madre no para quieta, lleva desde junio cuatro viajes con dos amigas suyas, te habla e irradia energía y ganas de vivir la vida. Mi padre se ha ido a vivir al campo (por fin, lleva queriéndolo desde siempre y mi madre se negaba), se ha hecho un huerto gigante, ha cogido gallinas y dos cabras, solo sale de allí cuando viene a cenar con nosotros y le alucina que le llevemos allí a los nietos a pasar el día.
Están… están bien, como nunca han estado y jope, da gusto que hayan sido tan valientes, que después de 43 años casados hayan decidido que ya estaba bien.
La gente en el pueblo no lo entiende y no paran de criticar a sus espaldas, pero sus hijos les aplaudimos todos. Nunca es tarde si la dicha es buena.