Desde que he tenido hijos mi casa parece un hotel de cinco estrellas para bebés, decorado con colores pastel y juguetes de madera. No sé si os pasa a las demás, pero yo ya estoy un poco harta del bombardeo de consumismo infantil al que nos someten.
Tenemos que tener tres mil tipos de juguetes diferentes, varios para cada aspecto a estimular, todos los juguetes, por supuesto, tienen que ser Montessori o sino parece que nuestros vástagos van a salir fracasados y delincuentes como poco. Os puedo decir que la mitad de los juguetes no me ha dado tiempo si quiera a utilizarlos y eso que he tenido la suerte de poder dedicar a mis hijos las 24 horas del día.
No sé qué pensaría María Montessori si viera en qué se ha convertido su teoría educativa. Por lo que yo sé, ella buscaba estimulación para niños de una zona muy pobre de Italia con cosas cotidianas, que todos tenían a mano, y de esta manera conseguía un desarrollo integral para esos niños en riesgo de exclusión. Sin embargo, ahora todo lo que lleva su apellido cuesta de 200€ para arriba y ocupa más de media casa (yo tengo un piso estándar de 65 metros cuadrados). Cuesta más dinero su triángulo de motricidad que la cama en la que dormimos nosotros.
A mí me da la impresión de que han conseguido convertir a esta increíble intelectual en otra marca más con la que amargar la existencia a los padres, una nueva carga disfrazada de colorines y texturas con la que nos estamos creyendo que si no lo hacemos todo así estamos sentenciando a nuestros hijos a un futuro terrible.
¿Qué pensáis vosotros, nos están tomando el pelo vendiéndonos unas pinzas de tender la ropa a precio de diamante o realmente está justificado comprar todos estos juguetes?
