Me he llegado a comprar la talla 44, y hoy he entrado en una 38. Justita, pero ha cerrado. Muchos pensarán, aquí viene la típica (ex) gorda con la misma historia de siempre. Pues si, señoras y señores, la historia es más común de lo que se pueden imaginar. Ya se que no vengo a destapar ningún secreto, pero quiero que escuchéis esto: nos pasa a todas. Y a muchos. Esta sociedad nos quiere feas, para que compremos más maquillaje, más fajas, más operaciones. Y más, y más, y más. Y nosotras que luchamos para pesar menos, y menos, y menos. Lo importante para ellos es que no haya equilibrio. Siempre tendrás algo para «arreglar». Los dientes, las estrías, esos pelos… ya basta. Señoras y señores, me la pela lo que quiera la sociedad de mi.
No te levantas un día y dices: a partir de hoy me voy a querer. Desgraciadamente, a mi no me ocurrió así. Después de pasar mucho tiempo luchando, avergonzándome de salir, odiando cada centímetro de mi cuerpo, por fin he aprendido que soy tan bonita como todas. Solo hay que rodearse de gente que te haga sentir bien, que no les importe tu apariencia, lo que midas o lo que vistas. Alguien que te escuche y se coma el bote de helado contigo en tus malos días. Y en los buenos, que te eche una carrera a la orilla después de hacer la croqueta en la playa. Busca aficiones que te hagan disfrutar, saca un momentito del día para ti, cuídate, mímate, no hay nadie como tú. No olvides que al final de esta historia, viajamos solos, y no hay mejor sensación que estar viviéndola con la persona a la que más quieres