Vengo a desfogar, espero no hacer esto muy largo.
La familia de mi pareja es un tanto peculiar: suegra ahorrativa hasta el extremo (congelar comida caducada, no poner calefacción ni usar agua caliente, no llamar por teléfono ni cogertelo si la llamas por no gastar ni que gastes…), suegro que paga las frustraciones de su casa con mi pareja, cuñada criada de forma humilde pero «queriendo» vivir como si fuese cayetana de toda la vida…
Bueno, pues aquí servidora está embarazada de su primer hijo. Dimos la noticia en mi casa y fue como esperaba: mi madre llorando, mi padre con su sonrisa de oreja a oreja, las tías pensando cómo malcriarlo. Lo que se supone normal.
Llegamos a casa de la familia política y ya la cosa cambia. Suegro preocupado porque coincide con una época de mucho trabajo, y mi suegra y cuñada hablando maravillas de todo lo que me van a dejar. Aquí empiezan los problemas.
No nos daban opción a decir que no lo queríamos o que no nos hacía falta, y como en estos años no hemos hecho una relación prácticamente de ningún tipo no me conocen y no saben que si me fuerzas, vamos mal.
Me encontré con una cuna bastante dañada, aunque me hubiese gustado coger la cuna donde crecimos mis hermanas y yo que la tienen mis padres impoluta, pero por no hacer el feo a la suegra…
Terminé echándole horas y reformándola y cuando la devuelva tendrán cuna nueva.
De nada.
Una bolsa llena de sábanas de cuna: unas pintadas con rotulador permanente con el nombre de los anteriores nietos, la mayoría eran retales de tela sin rematar y ya no hablemos de los lavados que les tuve que dar para quitar el olor a moho que no salió al final.
Se devolvieron no sin el debido disgusto disimulado de la suegra.
Una hamaca bastante cara pero con la funda rota, la cual cuesta más que una nueva. La solución de mi cuñada: pon la funda en la lista de regalos y que te la compren, para que ahorres…
No voy a poner en mi lista de regalos recambios para arreglarte las cosas rotas que me das.
Hamaca nueva y fuera.
El carrito, maldito carrito. No pude analizarlo bien y me encontré con el metido en el maletero. Al inspeccionarlo odié el color y el modelo, pero me dije «venga, analicemos, es un carrito caro».
Modelo de hace 10 años, tenía piezas en bastante mal estado y partes de la tapicería rotas, las cuales busqué recambios, hablé con la tienda oficial porque no había otro remedio, hasta contemplamos la opción de comprar un capazo completo que nos salía más económico… Después de darle MUCHAS vueltas, descubrimos que nos salía más caro el collar que el perro, así que optamos por comprar un carrito nuevo a nuestro gusto y con la satisfacción de que nuestro hijo va a estrenar carrito.
No somos ricos, pero nos podemos permitir que nuestro peque estrene todo lo que queramos.
Tenemos más cosas por devolver de ellos y nos han querido dejar otras más pero me he negado, me niego.
Drama: se lo contamos hace un par de días a mis cuñados y a pesar de que noté perfectamente que le sentó fatal, su reacción fue bastante calmada.
– «Os lo agradezco mucho de verdad, pero viendo que había piezas dañadas y teniendo en cuenta que es un carro antiguo los recambios son caros, hemos preferido comprar uno que nos encanta y que nuestro peque vaya de estreno».
Son expertos en fingir que no pasa nada y bastante rencorosos, aunque me tienen una especie de respeto al ser «ajena» y no me dicen las cosas claras.
A nosotros no nos dijeron ni bien ni mal, pasó el resto de la noche algo más tensa pero disimulan genial. A mis suegros no se lo dijeron tal cual.
Pues hoy llega mi señor suegro super ofendido porque dicen que les hemos hecho un desprecio enorme, que después de pedirles NOSOTROS las cosas, se las hemos rechazado y una amiga suya se ha quedado sin carrito por nuestra culpa. No me gusta coger nada prestado, por quedar bien se las cogí y ahora resulta que se lo pedimos nosotros.
Todas las cosas que nos quisieron prestar son compradas (el carrito lo pagaron mis suegros), los mismos que se han ofendido porque no cogemos lo que nos presta su queridísima hija, la cual no se conforma con cualquier cosa y tiene que ser todo de primera marca.
Pero nosotros tenemos que aguantar que nos obliguen a coger cosas en mal estado y darles las gracias, que me ordenen que les diga a mi familia que no gasten dinero en mi hijo, que ella tiene de todo y es todo caro.
Somos más prácticos y no buscamos pagar precios abusivos por ciertas marcas, no somos tan estúpidos.
Esta noche me toca ir a casa de la suegra a devolver las cosas, el segundo drama está por llegar.
