Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Que si, que sé que es una frase hecha y que la gente no la dice a la mala, pero hay otras maneras de felicitar que no dejar implícito que no ha habido mérito en lo que has obtenido, sino sólo azar. Qué malpensada soy, ¿verdad? Seguro que soy una arpía que siempre piensa lo peor de todos. Bueno, os explico.
Debido a problemas de salud mental, depresión y ansiedad, he pasado muchos años buscando teletrabajo. Me parecía lo más lógico, a estas alturas de siglo XXI, y más en un trabajo administrativo-venta como el mío, que se puede realizar perfectamente desde casa. A veces, tener teletrabajo implica -al contrario de lo que se cree- currar más horas o estar todo el día pringada porque “como estás en casa”, qué más te da currar de diez de la mañana a ocho de la tarde con dos horas de comida. Qué más te da quedarte un ratito más a terminar dos cosillas. Qué más te da que te llamemos un sábado para que nos mires una cosa. Sin embargo, eso lo podía aguantar a cambio de evitarme dos horas de transporte ida y otras dos vuelta, llevar zapatos incómodos, el aro del sujetador que se me clava y no te lo puedes quitar, el compañero que te tira de la manga para que le expliques una cosa o para preguntarte si viste ayer Operación Triunfo y la sensación en general de “¿qué coño están haciendo con mi vida?” que solía asaltarme cuando llevaba más de una hora metida en las tripas del Metro a la caza del tercer trasbordo y rezando para no perder el bus al salir.
Cuando el teletrabajo era eso, todo iba bien para los demás. “Claro, cada trabajo tiene su cruz… pues yo en el mío… y tú al menos no madrugas…”. Y sí, tenían razón, librarse de eso, daba mucha calidad de vida. Pero cuando ese curro, por muchas razones, se acabó, yo seguí buscando teletrabajo. “No lo vas a encontrar… en la pandemia, todavía, pero ahora… no te hagas ilusiones y búscate lo que sea… ¡es que perder cuatro horas todos los días en el transporte público es normal!”
Pero encontré teletrabajo. Y con mejores condiciones. Horario intensivo, todos los findes libres, buen sueldo y vacaciones bastante majas. Y de repente, toda mi búsqueda, todo mi currículum, toda mi experiencia, resulta que no vale para nada, ¡que he tenido suerte! Y sí, admito que hubo parte de eso, pero, ¿por qué no se valora también tooooodo lo demás? En mi empresa me lo han dicho: si yo no hubiera tenido ya experiencia previa teletrabajando, ni de broma me contratan.
¿Por qué me fastidia que saquen a colación la suerte? Porque va seguida de los “no es justo”. Ahí te das cuenta de que eso de “huy, qué suerte has tenido”, no es una frase de felicitación, sino envidia rabiosa. Porque cuando te preguntan a qué horas sales y lo dices, ya “no es justo, eso no es horario intensivo, es media jornada, deberías cobrar menos que yo”. Cuando dices qué días libras, ya “no es justo, eso es saltarse el convenio, deberías trabajar más que yo”. Cuando dices en qué consiste tu trabajo, de nuevo “eso no es justo, porque yo hago más y cobro menos y eso daña mi esquema, deberías ser tú quien tuvieras peores condiciones que yo”. Y no me digáis que no os ha pasado nunca, ¿verdad?
Por eso me chirría un poco que vengan a decirme que he tenido suerte, que lo mío sólo ha sido suerte, porque, ¿sabéis? Me he pasado mucho tiempo de mi vida atribuyendo todo lo bueno que conseguía nada más que a la suerte en lugar de a mi valía y a currar como una animala para que, ahora que he conseguido levantar un poquito mi autoestima, venga nadie a jorobarme con el mismo cuento. ¿Os parece que exagero?
Delice
