Hola.
Aunque siempre que defiendo este punto de vista se me echan encima, acusándome de retrógrada, machista y vete a saber qué más, ante el pensamiento único imperante no me da la gana quedarme callada.
Que tengas sexo o no en la primera (o primeras, que en una tercera cita no te has convertido aún en íntimo de nadie, no te engañes) depende de lo que pretendas conseguir:
1) Puedes tenerlo si sólo deseas un polvo por un polvo, buscando puro placer sexual y sin aspirar a nada más (ni a un segundo polvo siquiera), o si estás íntimamente convencida de que debes ser en la vida «una hoja al viento» y dejarlo fluir, que si alguien está destinado a ti, se quedará a tu lado hagas tú lo que hagas… Esto último requiere una autoestima a prueba de bombas…
2) Si lo que quieres es mantener al tipo interesado en ti como hembra apetecible por encima de las demás o incluso como futurible «amor de su vida», o bien si no estás segura de lo que quieres pero tu seguridad en ti misma tampoco es sobresaliente… NO LO HAGAS.
No voy a negar que, pese a existir un buen atajo de mujeres promiscuas (sin tono peyorativo; me la sopla lo que hagáis… allá vosotras), haya unos cuantos tíos que te persigan a ti, que te les resistes un poco más, y te hagan la pantomima romántica para cobrarse la presa y desaparecer después. Ante esto, parece tener sentido esa tesis de que, cuanto antes te los quites de encima dándoles lo que sospechas que quieren, mejor, y evitamos engancharnos nosotras tras dos meses de comedura de oreja. Vale.
Tampoco creo sostenible la teoría de que los tíos consideran a las mujeres que se acuestan con ellos al poco de conocerlos unas guarras y no las quieren como pareja. Opino que de estos ya no hay tantos, porque vivimos en una sociedad hipersexualizada en la que está mejor visto entre los más o menos jóvenes pasarse de «ligera» que no llegar. Este no es el mayor problema.
Lo que sucede es que, yéndonos a la cama con un tío a la primera de cambio, estamos negando una realidad biológica y cultural que es la condición de cazador del ser humano en general y del varón en particular; casi todos perdemos interés rápidamente por lo fácil, por extraordinario que esto pueda ser, considerando, además, que esas cualidades «fuera de lo común» difícilmente van a llegar a conocerse por la otra persona cruzando unas cuantas frases en un par de horas. ¿Tan deslumbrante te crees, alma de cántaro, para esperar que se quede prendado tras cuatro charlas intrascendentes y un polvo de mayor o menor calidad? ¿Qué tienes tú que no tengan otras 100.000 mujeres a las que él pueda aspirar? Pero ¿cuántas películas de la sobremesa de los domingos has visto?
Me gustaría ver el nivel de demanda en el mercado que tenían el grueso de esos sujetos a los que algunas mencionan como sus parejas añejas tras acostarse con ellos en la primera cita. Si eran tíos que no ligaban ni en San Petersburgo, no sirven como referencia; estaban hambrientos y necesitaban asegurarse el suministro, amigas…