Es así como os lo cuento, señoras, si queréis saber quién es la persona más gordofóbica del mundo, esa es mi cuñada. Tú buscas en el diccionario GORDOFOBIA y aparece una foto de ella mirándote con cara de asco o diciéndote que la imagen es muy importante para triunfar en esta vida.
Cuando la conocí yo debía pesar unos 75 kg que para mi 1.65 de altura pues claro, yo ya estaba gorda. Jamás, pero cuando digo jamás lo subrayo bien fuerte, jamás me ha importando una mierda lo que la gente opine de mí. He sido gorda toda la vida y he vivido con ello con todas las consecuencias. Ahora desde que conozco a esta mujer me cuesta mucho más.

Es muy difícil cuando una persona que vive en tu mismo edificio, sí porque vivimos en un edificio que es de la familia de mi marido y ella vive justo en frente nuestra, y encima es de las que no se corta ni un pelo en soltarlas.
Después de tener a mi hija engordé bastante y no sabéis la brasa que me llegó a dar con el tema. Es que había días que me veía agobiada con la niña y a ella solo le preocupaba si al final había ido a ver a una nutricionista. Después es de las que hacen comentarios del tipo »no entiendo cómo las gordas pueden ponerse tops para enseñar la barriga, ¿no tienen espejos en casa?» y lo dice conmigo al lado que soy una persona gorda.
El otro día me llegó a hacer un comentario sobre que las personas que tenemos sobrepeso tenemos que ser conscientes de nuestra condición y no ir a según qué sitios donde sabemos que vamos a pecar. Es decir, gordas del mundo, nada de iros a una pizzería o a un burger, esos sitios solo son para gente delgada.
Os preguntaréis cómo respondo yo a todo esto… Lo cierto es que las primeras veces le respondía e incluso llegué a discutir alguna vez con ella sobre el tema de gordos y salud. Pero ¿sabéis qué? Me he dado cuenta de que no vamos a llegar a nada. Que es la hermana de mi pareja y que en la vida no me queda más remedio que tragármela. Así que desde hace un tiempo cada vez que la escucho soltar alguna mierda simplemente me río y hago oídos sordos. No pienso perder ni un poco de energía en ella. De hecho si hoy estoy aquí contándolo es porque la acabo de escuchar hablar por teléfono (porque se pone en el puto patio de luces y la escuchamos todos) y le estaba diciendo a una amiga toda preocupada que el otro día le entró un gordo por Tinder y que no se lo podía creer. A ella, la Barbie fit, que le entre un gordo…