Buenas tardes chicas, lo siento, os tocará leer mis lloriqueos porque, bueno, porque siento que debo contárselo a alguien pero no quiero que me tomen por exagerada.
Tengo depresión, me la diagnosticaron hace ocho meses. No duermo si no es con pastillas, y estas me hacen efecto cuatro noches de siete.
Tengo ansiedad. Mucha ansiedad. Y el Lorazepam a las 8 pastillas diarias parece ya no hacer efecto.
Lloro por todo, y quizás esto me resta seriedad ahora mismo, no lo sé.
Y tengo pensamientos nada bonitos. Sobre cosas que quiero hacerme y por supuesto no son precisamente agradables.
Voy al psicólogo y al psiquiatra de la SS porque no me puedo permitir gastar 45€ la hora en uno privado.
Y no me quejo, tanto mi psicólogo como el psiquiatra son increíbles. De verdad. Son agradables, profesionales y aunque no lo parezca me han ayudado mucho. No os podéis imaginar cómo estaba cuando empecé el tratamiento.
Llevo dos días sin dormir. Con la ansiedad al máximo y he estado casi los dos días sentada en una esquina de mi casa incapaz de moverme porque si me movía tenía una excusa para abrir la ventana del pasillo y asomarme demasiado.
Y al final, no sé cómo me he levantado. Me he vestido como he podido y he ido al centro de salud mental donde me tratan. He dicho lo que me pasaba en recepción y me han hecho pasar, porque me atendería de urgencia quién estuviera de guardia.
Me ha tocado un señor que nada más verme me ha dicho que más valdría que fuera grave, porque él todavía no había desayunado.
Le he contado todo por encima, intentando controlar el llanto. Juro que lo he intentado pero no podía. Y me ha regañado porque «si vengo para llorarle mejor me quedo en casa».

Le he dicho lo que se me ha pasado por la cabeza, y él ha hecho un gesto con la mano, se ha levantado y ha salido. Ha vuelto a los dos minutos con una báscula. Y me ha dicho que me suba.
Lo he hecho y cuando me he bajado me ha dicho que lo que me pasaba era por el peso, que con mi altura era normal que me sintiera mal por pesar 75 kilos. Y que en cuanto adelgazara me sentiría mejor. Pero que para eso no estaba él, sino la enfermera y que mejor fuera ya a hablar con ella. Ah y que me arreglara, que así normal que estuviera sola.
Llevo dos horas sentada en un banco frente de mi casa, con casi cuarenta grados , porque me da miedo quedarme sola. No puedo llamar a nadie, porque mis padres están en otra ciudad y no quiero preocupar a mis amistades. Que también tienen lo suyo encima.
Y no sé que hacer, estoy dudando de todo. De si de verdad me pasa algo o es todo tontería mía. Si merece la pena tanto esfuerzo en evitar lo que parece inevitable. Y si de verdad merece la pena tanto psicólogo, psiquiatra y medicación si… Lo que me pasa no es tan grave.
Gracias por leerme. Necesitaba desahogarme.