Buenas tardes corazones,
Escribo realmente como una manera de desahogo, ya que sé cuáles serán vuestras respuestas y realmente lo que tengo que hacer, lo tengo muy claro.
El problema es que lo que piensa mi cerebro y lo que piensa mi corazón son dos cosas diferentes, y me estoy muriendo poco a poco.
Os pongo rápidamente en situación. Lo conocí hace unos 3 años por Tinder. Empezamos a salir, quedábamos bastante, hablábamos todos los días, literalmente, las 24 horas. Fue un enganche y una conexión brutal. Estuvimos en contacto toda la pandemia y en cuanto las restricciones lo permitieron, lo primero que hicimos fue vernos otra vez.
Me di cuenta que estaba hasta las trancas no, lo siguiente. El parecía que también, así me lo había hecho saber. Quería tener una relación seria conmigo, se ponía celoso si hablaba de otras personas o si se imaginaba que yo podía llegar a estar con alguien más.
De repente, parece ser que le entraron los miedos y decidí alejarme por mi propio bien, porque el quería seguir viéndome pero al parecer no podía tener nada serio. El nunca había tenido pareja antes.

Yo si que quería algo serio, el no me lo podía ofrecer, así que me fui. Posteriormente yo empecé una relación con otra persona, no acabó de funcionar y hace unos meses, al volver a quedarme soltera.. apareció. Otra vez.
Pensaba tener el control de la situación, pero empezamos a hablar… y quedamos. Si es cierto que no siento lo mismo que antes ni por asomo, pero me sigue gustando. Me sigue gustando mucho.
Pero siento que solo me llama cuando le pica abajo. Pasa bastante de mis mensajes, pero luego me dice de quedar y caigo como una tonta.
No sé exactamente qué me está pasando. Pierdo el control de la lógica, sé que tengo que distanciarme, sé que no me hace bien. No tiene responsabilidad afectiva y es una persona muy insegura. Pero le miro… y no hay nada más en ese momento. Me da tanta rabia que una persona tenga la capacidad de hacerme esto, y que sea tan difícil controlarme…
Muchas gracias por leerme. Un abrazo fuerte.