Os pongo en antecedentes para entender el quid de la cuestión. Mi ex y primer amor me dejó hace dos años, aunque hace meses tuvimos una recaída donde todo fue maravilloso pero acabaron torciéndose las cosas. Es tiempo, lo sé, pero nunca terminó de salir del todo de mi mente y mi corazón. No fue falta de amor; con él o era todo idílico o un dramón, lo último acabó pesando y la relación volviéndose tóxica.
Actualmente estoy empezando una relación con un chico que, como por arte de magia, se ha ido volviendo más y más importante. Le encanto y es mutuo. Me despierta emociones que no creía ya para mí: esa sonrisa y cara de boba, pensar en él a lo largo del día, incluso “golpecitos” en el estómago o en el pecho. Me trata como ningún tío lo ha hecho, nos entendemos, nos cuidamos mutuamente, comunicación de diez, atiende con gusto a cualquier cosa que le cuente aunque sea una chorrada, etc.
¿Cuál es el tema? Con él, cuando estamos juntos, todo se para y es fantástico, pero no termino de sentir la intensidad que sentía con mi primer amor, inclusive en la cama (que conste que me atrae mucho y lo disfruto, pero no llega a ser la pasión que sentía hacia el otro). Es cierto que la mala gestión de dicha intensidad llevó a vivir en un vaivén y con este chico hay calma, sosiego, claridad, tranquilidad, seguridad, un remanso de paz.Me dije y repetí a mí misma que si tuviese más relaciones priorizaría la estabilidad emocional y he aquí.
Pero estos últimos días estoy pensando en aquel amor más de la cuenta (a veces creo que soy masoca), en la gran diferencia de emociones, lo que me lleva a preguntarme: ¿realmente siento por él? ¿O la verdad es que me gusta cómo me trata y lo que me aporta? ¿O solo se trata de la diferencia entre una relación sana y tóxica? Sé que es muy pronto, que no todos los romances surgen y se desarrollan igual, pero llevo unos días con esta incógnita en mente y no sé qué pensar. Temo estar confundiendo sentimientos y no sería justo para él, que lo merece todo.