Vivo con mi pareja y mi hija en una comunidad autónoma distinta a mí familia. En vacaciones, mis padres siempre van al pueblo de origen de mi padre. Él adora su pueblo y la casa donde nació, y aunque a mí me cansa un poco hacer exactamente lo mismo cada año (es un pueblo en el que no hay nada que hacer, pequeño y muy tranquilo, y me gustaría conocer otros lugares), voy para estar con mi familia y para que mi hija esté con sus abuelos, a los que adora.
El resto del año, apenas los veo algún fin de semana suelto y en Navidad. Pues mi padre se ha pasado las dos semanas que hemos estado criticando todo, hablándome mal (con mi marido no se atreve), haciendo ver que la nena es una molestia… No es mi impresión, mi madre también ha dicho que se ha comportado muy mal conmigo. A él lo que le gusta es estar con sus amigos de la infancia jugando a cartas y bebiendo y se ha visto «obligado» a hacer una vida familiar que claramente no le apetece. Cuando he intentado hablar con él es batalla perdida, me considera inmadura y no muy lista (soy ingeniera, os aseguro que de tonta no tengo un pelo) y la única persona a la que medio hace caso, mi madre, dice que aunque su actitud está mal, ella no quiere meterse ni que el asunto le afecte. En parte es cobardía y en parte, comodidad, creo yo.
En fin, que hemos vuelto del pueblo y mi madre me ha dicho que le ha cambiado el humor muchísimo, que está contento y amable. O sea, que está claro que la molestia éramos nosotros. Me siento muy mal y estoy pensando en ir menos tiempo el año que viene, pero no quiero dejar de estar con mi madre porque mi padre se comporte como un señor decimonónico. ¿Algún consejo?
