NO TENGO TATUAJES PERO TENGO HERIDAS
Soy un ser de barrio y callejero. Y como tal, me he reunido con mis amigos del barrio, ya sabéis, los de toda la vida, para hablar de cosas especialmente importantes para la sociedad actual: Juego de Tronos (sí, adoro todo lo que tenga que ver con ello).
Pues hoy, llamadme loca, he decidido volver sola a casa. Nada del otro mundo, no tenía que cruzar el muro, ni mucho menos. A penas 800 metros (calculado por Maps) separaban mi paradero actual de mi cómoda casa. He cogido mis cosas y, sin darme cuenta, he planteado todos los caminos posibles (esto ha pasado en una milésima de segundo). La siguiente conexión entre mis neuronas ha dado el resultado al camino más seguro para mí. Para ser una mujer. ¡Stop! Hagamos un pequeño paréntesis. Dato a destacar: iba con una camiseta de manga corta que invitaba a saludar a mi discreto ombliguito entre mi michelín y unos pantalones tejanos cortos. ¡Atrevida! ¡Uh, salir a la calle dejando ver más allá de lo que algunos ojos pueden procesar! Sí, camaradas, soy una chica muy atrevida. En fin. Continúo con mi historieta, sé que de momento poco os puedo haber sorprendido. Pero aguardad. Cuando he recalculado mi ruta, cual App de móvil híper eficaz y sin necesidad de datos 4G, he decidido adentrarme por una plazoleta poco concurrida a éstas horas (1:45h son actualmente, lo estoy redactando aún con el fresquito de la calle en la piel). Os informo que he pasado por ésta… qué sé yo, ¿200 veces en mi vida? Y la mitad de noche. A pie, en bicicleta y hasta con un Núvol Kinton (si no entiendes esta referencia que no cunda el pánico, puedes seguir leyendo sin que alteración alguna) y jamás me había encontrado a nadie. ¡Lo juro! Bueno, quizá exagero, pero nunca nadie me había perturbado el camino. ¿Y qué mierda me importa? Os preguntaréis. Pues porque siempre he ido acompañada de un hombretón, de un macho, de una polla con patas. Y son estupenda compañía, oye, ahora no vamos a ponernos tiquismiquis (adoro a mis amigos con pene, son de lo mejorcito). Ay, malditos bastardos, pero hoy he decidido ser valiente. Caminar sola. Llevaba una botella en la mano, y la apretaba como si alguien me la fuese a quitar. Joder, ¡estaba nerviosa! Y eso me creaba mucha impotencia. Incluso, mientras avanzaba mi paseo, he pensado en sacar las llaves, para agilizar el proceso al llegar a casa. Automáticamente me he fustigado y he decidido no sacarlas, disfrutar de la noche. Pues… ¡pum! En tu puta cara. Dos críos (calculo unos 18 años máximo) han empezado a soltar mierda por la boca (“mira qué niña” “que redonda tiene las tetas” “en verdad está buena” “¿todo esa agua es tuya?” “jiji jaja” decían. Ajá, qué valientes he pensado, dos contra una. He tenido un momento de enajenación en el que me he girado y les he partido la botella en la nariz y se la partía a uno, mientras le daba una patada voladora a otro en toda la frente (pero ha quedado todo en mi mente, qué pena). Total, que he seguido caminando, maldiciendo todas las cosas habidas y por haber, y enfadándome conmigo misma por no haber pedido que me acompañaran. ¡Mec, error! Nadie tiene la obligación de acompañarme, no me voy a perder. Continúo. A poco más de 200 metros otro encontronazo. ¿Sabéis la típica situación en la que te encuentras a alguien de frente, en la misma acera, y no sabes dónde mirar? Pues yo he mirado hacia delante, intentando poner cara de malota para que no se repitiera la situación. Ja, ja. Casi me resbalo con el sudor de sus huevos, sí, los mismos que le han sudado cuando he intentado hacerme la indiferente. Vamos, que le ha sudado los huevos mi cara, sólo veía mi cuerpo. Repetición de la jugada anterior, qué poca originalidad. Me aburrís. He de reconocer que ha hecho que mi incomodidad creciera a niveles desmesurados. Me quedaba aún la mitad del camino y ya había tenido dos conflictos. ¿Qué me deparaba el destino? Seguía andando. Unos pasos cada vez más cerca han hecho que en mi ojete no cupiese ni un bigote de gamba. No me lo podía creer… ¿Tan mala suerte iba a tener? ¿Hola? ¿Núria? ¿Suerte? Suerte es que te toque la lotería; que no te roben, violen, o te humillen verbalmente, no es tener suerte, es tener una vida tranquila y digna, maldita sea. Gracias a los Dioses antiguos y los nuevos he conseguido llegar a un grupillo de yayas ochentonas (muy majas, siempre las veo hablando de cosas que, aparentemente, parecen muy divertidas). Esos pasos, mágicamente, han desaparecido. (A todo esto, también estaba recalculando mi ruta para optimizar el viaje y mi flagrante llegada al hogar esperado, volvemos a pensar en zonas con luz, concurridas y “seguras”). ¡Por fin! He conseguido llegar a la esquina de mi casa. He entrado en mi callejón como una campeona, pensando que no me había pasado nada. Justo en ese momento, dos mujeres que también volvían a sus hogares, se han separado cada una hacía sus respectivos. Iban delante. La chica que ha seguido mi mismo camino, se ha girado dos veces para ver quién entraba en el mismo callejón que ella a éstas horas. He visto el mismo miedo, valentía y sutileza que siento en los míos. He sido presente y consciente de mí misma. Me he visto en un espejo. Y me he entristecido muchísimo. Ojalá llegue sana y salva a casa como he llegado yo. Sin suerte.
Deseo, desde lo más profundo de mi corazón, que algún día, cada palabra, cada intimidación, cada mirada, se borren de mí. Porque se clavan y hieren, duelen. Y yo no, no tengo tatuajes, pero tengo heridas.
NO TENGO TATUAJES PERO TENGO HERIDAS
Inicio › Foros › Querido Diario › Autoestima › NO TENGO TATUAJES PERO TENGO HERIDAS
-
AutorEntradas
-
NúriaInvitado
🌸 Envía tus movidas a [email protected]👄 Más testimonios en whatsapp https://whatsapp.com/channel/0029VaCbq9P7T8bgwL0lOx0S👑 Los mejores chollos para ahorrar https://whatsapp.com/channel/0029VaCFabI1nozF5ZslTp3u
ResponderNatMiembro
ResponderMe siento identificada con cada palabra, a pesar de que siempre pienso que como soy una gorda de mierda nadie va a pensar en hacerme o decirme nada. Como mucho soltarme algún insulto típico.
Te diré que volviendo sola a casa a las doce o así en el bus, en la parada que me bajaba empiezo a escuchar detrás «eh rubiaaa, ¿dónde vas? ¿Estás sola?» y me bajé echando hostias intentando estar muy digna y haciendo como que no había escuchado nada, pero con el corazón saliéndoseme por la boca. Resultó ser un conocido que cuando vio mi reacción me llamó por mi nombre para que no me asustara, diciendo «eh, que soy yo!».
Ahora cuando vuelvo sola a casa, intento whatsappear a saco con quien sea. Voy todo el camino escribiendo chorradas, leyendo chorradas y con el movil de la mano. Sigo super pendiente de todo, pero me hace sentir algo más segura. Es una bobada, porque si me pasa algo, no van a poder hacer nada, pero al menos puedo transmitir mi inquietud si es necesario.
El otro día, estando tumbados en la hierba de un parque a la sombra, un parque donde hay mogollón de familias por el día, con niños, con perros etc… me preguntó mi novio si a lo largo de mi vida había ido muchas veces a tumbarme a ese parque (es algo muy común, siempre se ve gente tumbada en la hierba, incluso gente sola, estudiando o leyendo). Le dije que no, porque me habían acosado sexualmente con 13 o 14 años mientras paseaba al perro y nunca más volví sola porque desde entonces me ha dado miedo y pocas veces en compañía y sólo a la parte más concurrida (bancos etc) del parque. Es una historia que tengo bastante olvidada, un señor vino hacia mí con la polla en la mano preguntándome si estaría dispuesta a hacerle unas pajillas o a mirar mientras se las hacía él y yo eché a correr. Aún le escuché decir «pero no corras, hombre, que no te voy a hacer ná!!» Pero me vino con toda claridad a la cabeza en ese momento.
A pesar de que he evitado ir sola a ese parque porque me da miedo durante todos estos años, se ha convertido en una sensación tan normalizada en mí, que, cuando me preguntó, todavía tuve que pararme a pensar un momento por qué no he ido en todos estos años y de dónde venía el miedo.
No es justo que nos traten así.
-
AutorEntradas
Las imágenes utilizadas para ilustrar los temas del foro pertenecen a un banco de fotos de pago y en ningún caso corresponden a los protagonistas de las historias.