Mi marido y yo ya empezamos a tener una edad. Y llevamos casi treinta años juntos. Algo más de cuatro de noviazgo y ahora vamos a hacer veinticinco años de casados.
En muchas cosas somos muy diferentes, pero eso hace que nos complementemos bastante bien. Y en la cama nos hemos complementado muuuy bien, no sé si me entendéis. Siempre nos ha gustado jugar y probar cosas nuevas. Y durante mucho tiempo hemos fantaseado con la posibilidad de ir a un club de intercambio de parejas.
Últimamente, mi marido está un poco de bajona por follones varios del curro, y, aprovechando que vamos a hacer un cuarto de siglo de casados, quiero sorprenderlo de verdad. Y lo material está muy bien, pero quiero que viva una gran experiencia. Así que me estoy planteando que su regalo sea cumplir nuestra fantasía sexual del intercambio.
Cosas que me motivan para hacerle este regalo. Primero y más importante, que sea una gran sorpresa. Yo creo que ni se le ha pasado por la cabeza que el regalo pueda ser ese. Satisfaceré nuestra curiosidad al respecto y podemos cumplir una de nuestras mayores fantasías. Conseguiremos romper la rutina en la que hemos caído últimamente, y podemos revitalizar la comunicación en la pareja y fortalecer nuestra confianza.
Cosas que no me preocupan en exceso. Las técnicas amatorias de la pareja que me toque en suerte tampoco me preocupan mucho. Sea un clásico o un innovador, el sólo hecho de que sea otro, ya es suficiente estímulo. E igual puede que me enseñe alguna cosilla nueva para después hacérsela a mi marido. O quizás soy yo la que puedo enseñar algo, ¿quién sabe? Y después habrá una esposa agradecida por ahí.
Tampoco necesito que sea de conversación amena, porque no creo que nos pongamos a debatir sobre la actual situación geopolítica ni sobre el último libro publicado de mi autor preferido. Con tal de que no sea un “`pacagarla” (que nada más abrir la boca, la cague), me conformo. Eso sí, que sea capaz de explicarme qué le gusta y qué no en el sexo y que entienda lo que a mí me gusta y lo que no, para que la experiencia no sea un drama.
Cosas que me echan para atrás. Estar segura de escoger bien el local. Porque he hecho un pequeño sondeo entre amigos y conocidos, de manera disimulada, y me he encontrado con que, a parte de que sigue siendo un tema bastante tabú, nadie lo ha hecho (o al menos no lo quiere confesar). A ver si escojo un club de swingers que tenga buenas recomendaciones en internet y luego resulta un chasco.
Respecto a la apariencia física. No me preocupa mucho. Pero si hay algo que me obsesiona es la higiene. No importa que sea alto, bajo, calvo, ancho, estrecho, pero, ¡por Dios!, que sea limpio, que yo ya empiezo a ser una señora (los años no pasen en balde para nadie). Y soy de la opinión de que toda persona de bien ha de ser pulcra, además de educada. No sé si para eso se pasa un control de calidad o algo parecido, pero yo sí que necesito unos mínimos.
Y aquí me tenéis, buscando por las redes para averiguar qué local expresamente informa de que esta sea una condición sine qua non para acceder al club. Y si no, a riesgo de quedar como una retrógrada, tendré que preguntarlo directamente.
