Mi boda fue muy cutre y lo asumo. Nos casamos en un juzgado, pero sin ninguna intención de montar un bodorrio. Sin embargo, hicimos lo que estaba en nuestra mano para que fuera algo bonitos sin volvernos locos.
No nos casamos en una finca porque nos parecía absurdo ese gasto, sobre todo porque acabábamos de comprarnos una casa y ya no nos quedaba dinero para hacer la boda del año. Así que pensamos algo fácil y que a nadie le supusiera un desembolso: después del juzgado iríamos a comer a nuestro restaurante favorito con nuestra familia cercana y nuestros amigos. Invitábamos nosotros y no queríamos ningún regalo: sólo que viniesen y compartiesen ese rato con nosotros. Entre todos no llegábamos a las 30 personas.
Mi vestido fue de Mango, los zapatos fueron unas sandalias reutilizadas de mil bodas anteriores y el ramo fue uno de esos de margaritas que compras en el súper y lo puse bonito con unos lazos. Mi presupuesto de vestido y ramo no superó los 60 euros. El maquillaje y el pelo corrieron también de mi cuenta: home made with love.
La boda no fue bonita, no nos vamos a engañar. Pero sí fueron muy emotivos nuestros votos y la intención de casarnos para toda la vida. La comida fue el menú del día y las copas en una vermutería al lado de nuestra casa.
En total no nos gastamos más de 500 euros.
Pese a saber objetivamente como fue mi boda, ha habido algunos comentarios de amigas que me han llegado y me han dolido mucho.
Una de mis mejores amigas me ha comentado que dicen que cómo pude ser tan cutre, qué vaya boda de mierda. Y me parece bastante duro hablar así de un rato agradable que has pasado con la gente a la que quieres, sin más pretensión que estar juntos y disfrutar de un día especial.
Mi marido me dice que pase, que es que fue cutre. Y sé que racionalmente es lo que debería de hacer, pero, por otro lado, me hace mucho daño que la gente que se supone que me quiere diga eso sin plantearse que, pese a las circunstancias, eso fue lo que nosotros quisimos y, de alguna manera, ellos deberían alegrarse por nosotros. Y que, lo de menos, es el dónde o el cómo, sino el por qué.
Ahora no sé si tendría que hablar con ellas y exponerles lo que me pasa o dejarlo. Pero, mi fuero interno, lo que me pide es decírselo, sacarlo y no dejarlo dentro. Me parece algo importante y creo que es necesario aclararlo. ¿Vosotras qué pensáis?
