Buenos días a todos, hoy me siento con las fuerza necesaria para contaros mi historia.
EL 17 de este mes, hará dos años que me quitaron un tumor craneal, la operación fue un éxito. Pero el rock and roll comienza después; en la recuperación, la toma de pastillas, el aterrizar y plantearte que va a pasar con tu vida.
Bien, he de decir que yo particularmente fui de esas personas que el prospecto pone… (por ejemplo) 2 de cada 100 personas pueden presentar estos síntomas adversos.
Y si, tuve todos los efectos secundarios del medicamento Levetiracetam, para quien no sepa para que sirve dicho medicamento, es para prevenir las crisis epilépticas.
Ese medicamento me lo mando el neurocirujano para prevenir posibles crisis epilépticas…
Y… ahí empezó el infierno de mi mente. Estos efectos secundarios fueron los que yo experimente irritabilidad, nerviosismo, depresión, hostilidad, e insomnio.
Sabía que algo en mi no andaba bien, siempre estaba inquieta, miraba una y otra vez el pastillero a ver si había preparado bien las tomas de las pastillas, tenía tal inseguridad que preguntaba lo mismo una y otra vez, con el agravante de que físicamente no me reconocía. A causa del estrés que tenía se me cayó el pelo a borbotones, debía de llevar un pañuelo en la cabeza para evitar que la cicatriz cogiera color… algunos puntos se me infectaron… a causa del tumor, perdí parte de visión del ojo izquierdo… en fin.
Ahora es cuando viene la otra parte de mi historia; como dije frases antes, sabía que algo me pasaba.
Pero lo peor de todo fue las críticas de las personas que en teoría te quieren.
El que fue mi pareja me comentó que respiró cuando volví a casa de mi madre (me operaron en Burgos, nosotros vivíamos en un pueblo de Segovia, y volví a Madrid para que me siguieran aquí, por temas logísticos, al que fue mi pareja ya no le correspondían días propios para llevarme a Burgos a las revisiones).
Volver a casa de mi madre no ayudó tampoco en absoluto, ya que ella es de una manera de ser peculiar (pero eso sería otro post) buscaba consuelo, buscaba un poco de aliento, y solo me encontraba con críticas, con consejos que en ese momento no procedían. No solo fue mi pareja, sino mi hermana, mi hermano, mi mejor amiga…
Soy consciente de que el trabajo de «cuidador» es duro, desgasta, e incluso puede llevarte a una posible depresión.
Pero he de decir algo, a todas esas personas, Pareja, Madre, hermana, hermano, mejor amiga… a todos ellos les he dado mi tiempo, han tenido palabras de aliento, y un hombro sobre el que llorar cuando lo han necesitado. Me he comido conversaciones que han entrado en bucle durante mucho tiempo.
(separaciones, infidelidades, malos entendidos entre mis hermanos).
Y entonces pedí cita para el psicólogo/a de la seguridad social. Me mandaron a la psiquiatra, y lo primero que dije que no quería pastillas, que solo quería hablar con un profesional y pusiera nombre a estas afecciones que tenía.
Afortunadamente solo tuve 2 sesiones con ella, profundicé tanto en mí, que descubrí cual era mi herida independientemente de los efectos secundarios de aquellas pastillas.
Pedí que por favor me dieran cita con la neuróloga, para comentarle lo que me pasaba con aquel tratamiento.
Llegó el día de la cita, y la doctora me cambió la marca de la pastilla, e incluso bajó la dosis; gracias a ella volví a mi ser… volví a dormir, volví a tener la calma que había perdido, y ahí fue cuando empecé a tejer mi futuro.
Mi plan era volver a trabajar, ahorrar todo lo posible para poder permitirme la entrada de un piso en alquiler y romper con todo.
Y así hice, el tiempo pasaba, seguía conviviendo con mi madre, mi pareja me llamaba a diario, venía a verme los fines de semana…
Pero la decisión estaba tomada.
A la que fue mi pareja se le acabó el contrato en el trabajo donde estuvo en Segovia, y tuvo el también que volver con su madre. Como no, ya quería desahogarse conmigo.
Que si que mala suerte, que si estaba hundido, que si lo mío, que si lo suyo… bagh todas esas quejas ya las había oído antes.
Puntos quitados, el pelo poco a poco volvía a crecer, la regla (también la perdí durante 2 meses) volvió a bajar, y mi parte de alta listo para empezar a trabajar.
Nunca tuve tantas ganas de volver a estar detrás de un mostrador, volver a ver a mis compañeros y compañeras de curro… era libre; el comienzo de mi nueva vida estaba cerca.
Me puse manos a la obra, a mirar pisos en alquiler, a estudiar donde podía ser un poquito más asequible.
Y encontré esta casita donde habito. Es un apartamento donde antes había un local, es pequeño pero para mi sola, es suficiente, además que me pillaba a tan solo dos paradas de metro de mi trabajo.
Encontrado el apartamento, pagado los meses que me pedían por entrar a vivir y firmado el contrato fue cuando finiquité con todos. Pareja, familia, amiga… No estuvieron a la altura de las circunstancias.
Ahora vivo a mi aire, una vida tranquila, ahora me miro al espejo y me reconozco, ese tumor que cambió por completo mi vida ya lo extirparon en su totalidad…
Asi que como dice la frase… cada cirio que aguante su palo.
