Intento ser buena madre. Pero a veces, fallo. Sé que la maternidad es difícil y normalmente soy comprensiva con otras madres. Pero conmigo sólo veo fallos.
Mi hijo es muy sensible. Y muy cariñoso (conmigo y con su padre, aunque más aún conmigo, con el resto de la gente es prudente). Duerme conmigo y me encanta. Pero necesita contacto todo el rato. También me encanta, pero a veces me mueve como si fuese un accesorio o su almohada, o se me coloca encima… Yo le digo que estoy más cómoda de otra manera pero sigo en contacto.
Hoy estaba especialmente cansada. Le he dicho que dormiré a su lado pero no me agarre el brazo, ni me suba la pierna por encima… Que me duele todo, por falta de energía. Cabe destacar que yo estoy premenstrual y él ha estado intenso, despistado y quejica durante el día, con lo cual se junta todo para que mi pila esté por el suelo.
El papá suele estar presente, pero justo esta semana ha tenido mucha vida social (no suele ser así) y yo he estado dando más.
Total, que después de varias veces diciéndole a buenas que no se me subiera, que me soltara el brazo porque necesitaba tenerlo extendido, que quería estar recta… He levantado un poco la voz. No gritarle en plan fatal, pero sí fuerte (en la camita ya, que siempre hablamos suave). Le he dicho: «que me dejes el brazo ya, que me duele, no sé ya cómo decírtelo». Y él se ha puesto a llorar porque no está acostumbrado a que le hable así y encima creo que se ha sentido rechazado.
Sé que hago bien poniéndole el limite, le hace más bien incluso a él que a mí. Pongo muchos límites, pero los suelo poner bien: con mucha firmeza, sin ceder, pero con amabilidad. No me siento mal por haberle dicho que no, la frustración la trabajamos. Es el hecho de haberle levantado la voz y ver cómo se ha asustado. Eso me duele… Recordar cómo ha abierto los ojitos, se ha hecho ovillito y ha roto a llorar porque mi voz ha sonado más fuerte y con tono borde.
Y ahora, con lo cansada que estaba, él lleva 1h durmiendo y yo no puedo porque me come la culpa.
