Hola a tod@s,
Me encanta leeros a menudo y muchas veces me siento muy reflejada en vuestros escritos. Hoy me he envalentonado y os quiero compartir algo que me pasó hace apenas unos años y que, aunque hace 2 que terminó, hasta hace poco no he podido cerrar del todo.
Hace 6 años aprox conocí a un chico guapísimo y majísimo en Pof (una web de citas). Estuvimos hablando un tiempo y cuando nos conocimos la cosa fue maravillosa. Era un príncipe azul de los de cuento y yo me sentía la mujer más afortunada. Él tenía y tiene una discapacidad física, no tuvo reparos en contármelo al principio y yo pues por su manera de ser conmigo tampoco vi que fuera «para tanto». Él parecía llevarlo muy bien y durante el primer año y medio no afectó en absolutamente nada en la relación. Poco a poco fuimos conociendo a nuestros respectivos amigos, família y demás, como todo tenía sus momentos guays y momentos chof, pero todo iba sobre ruedas.
Así que nos independizamos juntos y nos metimos en esa gran aventura de convivir. Pues de repente un día empezó a sentirse peor, tenía mucho dolor y solo decía «ya se me pasará», y se le pasaba. Pero acabó siendo un día sí, otro también y así a diario. Eso le costó el empleo, ya que decidieron no renovarle el contrato porque había faltado mucho al trabajo. Después, los amigos a los que ya no «tenía tantas ganas de ver», y claro, acabó petando en la relación. Poco a poco se fue descuidando a sí mismo, nunca estaba de buen humor, se podía pasar días enteros en frente de la consola; y cuando le decía de hacer algo para desconectar, nunca tenía ganas. Esa tristeza, sumada al excesivo tiempo libre y la falta de socialización, hicieron que cayera en una depresión. No soy médico así que no puedo asegurarlo, pero más o menos cuando empezó la depresión, la enfermedad empeoró (y yo creo que en consecuencia a tanto malestar), así que mi día a día poco a poco se fue convirtiendo en ir a trabajar, acompañarlo a urgencias, ir a hacer la compra y poco más. Pero lo hacía con una sonrisa, porque yo lo amaba hasta decir basta y más allá y estaba dispuesta a hacer lo que hiciera falta para que él estuviera bien.

Y llegó el día X, después de 3 años de relación, estaba fatal porque me «advirtieron» de que si seguía faltando al trabajo me iban a echar, y él estaba ahí, sentado en el sofá, con los auriculares puestos y jugando online, como si nada. Pues le pedí que me escuchara, solo eso, porque necesitaba contarle a alguien lo que me había ocurrido y como me sentía. Y solo me dijo «ah, pues tendrás que buscar otra cosa». Y estallé. Tenia un millón de cosas para decirle, pero solo me salió un triste «siento quererte tanto porque no te lo mereces». Y sin decirme nada, cogió sus cosas y se fue. Pasé horas llorando sola en casa, esperando que volviera, me llamara o diera la mínima señal de vida. Pero nada. Al cabo de unos días, al llegar del trabajo, la gata que él había adoptado estando ya juntos los dos y que seguía conmigo, ya no estaba, ni tampoco sus cosas. No le retraigo que se la llevara, era suya, pero no me dejó ni decirle adiós al animalillo. Tampoco me dijo nada más excepto que la gata era suya y se la llevaba. Y así desapareció hasta unos 8 meses después, cuando tuve que mudarme y pedirle que fuera a por sus cosas o irían a la basura. No le ví, pero vino a por todo, y dejó las llaves sobre la mesa, como si nada hubiera pasado. Tampoco dejó ni una nota ni un mensaje, nada.
Fue duro de superar y hasta hace poco me ha seguido doliendo, lo viví como un abandono doble, él y la gata. Porque es un animalillo, pero al convivir 24/7 durante un tiempo se les coge cariño. Así que al final, me armé de valor, y la semana pasada le escribí una carta larguísima donde le decía todo aquello que me quedaba por decirle y la ví quemarsé en el fuego a tierra. No me preguntéis por qué, pero desde entonces me siento aliviada y es como que «ya vivo en paz». Y hoy os comparto esto porque necesitaba contar mi versión de cómo fue todo (ya que me consta que según él lo dejé por no saber «llevar» su discapacidad) y para que veáis que a veces, algo tan simbólico como una carta, te puede ayudar a cerrar un capítulo.
Gracias por leerme