Buenas tardes de viernes foro. Voy con mi movida como decís.
Yo entiendo que los profes estén atentos ante casos de posible abuso sexual infantil y lo agradezco. Pero que a mí me tocó la profe un poco imbécil, eso también vamos a decirlo.
Mi hijo mayor tiene cinco añitos, y siempre ha sido avispado y le ha gustado dibujar. No hablamos de que sea Miguel Ángel, pero sí que la mejor manera de conseguir que se quedase quieto y callado no era ponerle la tele, sino darle papel y ceras o ponerle en la tablet un programa de dibujo. Cuando le dijimos que dentro de algunos meses iba a tener una hermanita, nos acribilló a preguntas. Y dónde está, y cómo ha llegado a la barriga de Mamá, y yo quiero verla, y cuándo llega, cómo crece ahí dentro, qué come… Mi chico y yo al principio nos tiramos por lo básico, no queríamos darle una clase de Biología a un niño de cinco años, pero viendo que no dejaba de preguntar y preguntar, pensamos que quizá era bueno dársela, decirle toda la verdad y que le quedase la lección de que podía preguntar siempre lo que quisiera porque nunca le íbamos a decir lo de “lo sabrás cuando seas mayor”.
Así que sacamos de la biblioteca el “¿De dónde venimos?” y se lo leímos para que supiera cómo habíamos hecho a su hermanita, cuánto tardaría en llegar y por dónde saldría. Quizá lo que nos faltó decirle fue que ese tema era un poco como hacer pis y caca: que no era para hablarlo alegremente por ahí, pero en fin, el niño se quedó tan satisfecho y durante algunos días no sacó el tema salvo para besarme la barriga y dar los buenos días y buenas noches a su hermanita que estaba allí.
Hasta que, hace un par de días, me llaman del colegio y me dicen que la profesora quiere vernos a los dos, a mi marido y a mí. Cuando llegamos, la tía ni nos sonríe, ni nada y yo pregunté directamente si es que mi hijo había pegado a otro niño o qué. “Nos ha pegado un poco a todos”, me dice la tía, y me enseña EL DIBUJO. Un dibujo de dos monigotes uno encima de otro sobre un mueble que puede parecer una cama y un montón de corazoncitos alrededor. Y nos dice que el niño le ha dicho que “somos nosotros haciendo a su hermanita”.
Mi marido soltó la carcajada y, al oírle reír, qué queréis, yo no pude evitarlo, me empecé a partir también. La profesora dijo que no veía qué tenía de divertido el que un niño de cinco años tuviera “acceso a contenidos X”, como probaba el dibujo. Tuvimos que explicarle que nuestro hijo no había visto nada inadecuado, simplemente le habíamos leído un libro para contestar a sus preguntas sobre la llegada de su futura hermanita. Pues otra mala cara y a decir que eso no tenía que hacerse en casa, que era en el colegio donde se enseñaba, que estábamos interfiriendo y que no le enseñásemos nada más, y menos aún cosas tan delicadas. Ahí ya nos pusimos serios y le dijimos que muchas gracias, pero que se trataba de un asunto puramente familiar, que ya le diríamos al niño que no hablase de cómo se hacían los bebés, pero que tampoco creíamos estar cometiendo un delito por haberle leído un libro.
No se quedó muy conforme, la señora debe pensar, no sé, que hacemos orgías en casa y el niño nos graba o algo, yo que sé. A mí me basta saber que he respondido a la curiosidad de mi hijo y que ahora sabe que siempre lo haremos, que puede preguntarme lo que quiera, ¿de verdad os parece que hice tan mal?
