Llevo semanas pensando en escribiros mi historia.
Todo empieza como en todas las oficinas, problemas con las ventanas abiertas. En mi oficina hay una batalla constante, los que tenemos frío no ponemos la calefacción para que los demás no pasen calor y a cambio pedimos que no se abran las ventanas mientras estamos trabajando. Debo añadir que estamos en el norte.
De repente un día de hace un par de semanas, abrieron las ventanas al medio día y después de esperar una hora entera (quise evitar la típica guerra sobre airear la oficina), le pedí a una compañera que por favor la cerrase porque tenía frío y estaba con el abrigo puesto y todo. Habitualmente se lo pide otra gente y nunca les replica, pero a mí me contestó que la próxima vez debería llevar una falda más larga.
La falda en cuestión me llega justo por encima de la rodilla.
Me dejó tan en shock que no fui capaz de contestarla nada más que «ok».
Pero ayer mismo me volvió a pasar, esta vez con mi exjefe de equipo. Se sienta en otra sala, pero vino a abrir la ventana de la mía. Le pedí amablemente que abriese la suya y no la nuestra, según él en su sala olía mal y necesitaba corriente entre mi sala y la suya para airear. Le dije que hacía frío y que en mi sitio me daba la corriente y me iba a poner enferma y su respuesta fue que debería cambiar mi atuendo si tenía frío. Llevaba un vestido por debajo de las rodillas, botas altas por lo que solo se me veían 3 dedos de pierna y además un jersey gordo de estos que son de chinilla del Stradivarius que dan calorcito rico.
Esta vez no me callé y amenacé con hablar con recursos humanos, pero cuando llegue a casa me eché a llorar.
Qué tiene de malo mi ropa? No infrinjo el código de vestimenta de la empresa. Me planteo en cambiar mi forma de vestir y guardar mis faldas y vestidos, pero eso va en contra de todo lo que creo. Pero aunque me hago la fuerte, esto me ha afectado y ahora tardo media hora en decidir la ropa que me pondré ese día.