Llevo más de un año queriendo encontrar pareja, porque me apetece iniciar una relación bonita y mirar de cara al futuro, pero como no consigo conocer a nadie de la forma tradicional, me decidí a meterme en una app de citas.
Las primeras veces fue horroroso, allí nadie tenía intención de encontrar parejas, sino de chingar un rato. Así que me propuse que no volvería a quedar tan pronto con nadie, para darnos tiempo para conocernos y que ya hubiera algo creado antes de vernos cara a cara.
Hace un mes y medio me escribió un chico y empezamos a intercambiar mensajes, luego nos dimos el Instagram y el WhatsApp. Nos habíamos visto por fotos y llevábamos un mes escribiéndonos a diario. Me dijo que quería quedar y yo ya estaba preparada porque sentía que el chico merecía la pena.
Eligió un restaurante y quedamos allí. Al vernos hubo un poco de tensión, pero por los nervios, nada malo. A medida que empezamos a hablar y pedimos la comida, notaba que en persona no era igual que por Internet y la verdad es que me sentí decepcionada. Para cuando íbamos por el postre la cosa no fluía en absoluto. Él me dijo que si íbamos a su casa o a la mía y yo le dije que no quería dar ese paso, porque había visto que no acabábamos de conectar. Me soltó: ya, es obvio, no pegamos, pero por lo menos podemos poner un punto de final alegre.
Me sentí ofendida y le dije que me iba al baño para no soltarle cuatro cosas a la cara. Cuando volví, no estaba. Atónita le pregunté al camarero y me dijo que se había despedido de ellos y había dicho que yo pagaba, que él tenía prisa.
El muy cabrón, me ha bloqueado de todos lados y a mí me tocó pagar la cena de los dos en el sitio caro, que él eligió. ¡Estoy harta, no vuelvo a quedar con nadie que haya conocido por Internet! A este paso me quedaré sola.
