Qué incómodo y qué pereza eso de enfadarse siendo adultas, pero cada una se toma las cosas como se las toma y no hay marcha atrás.
Mi amiga Lidia vivía de alquiler hasta ahora. Los motivos por los que dejaba su hogar de hacía unos cuantos añitos ya, eran que el piso necesitaba que le metiesen mano y la casera no estaba dispuesta a ello. Susana y yo le metíamos caña para que se enfrentase a la casera, pues Lidia es una de esas mujeres afectadas por el famoso «síndrome de la niña buena», un conflicto a la vista la supera, es incapaz de mantenerse firme en una discusión y mucho menos de exigir que se le arregle lo necesario para vivir.
Y la casera lo sabía. Así que, cuando Lidia le decía con su vocecita de cría que igual esto había que mirarlo, tal cosa necesita ser reparada, la casera le mandaba a alguien a mirarlo y cuando éste le daba un presupuesto decía que no podía meterse en semejante gasto.
La cosa llegó a tal punto que por su incapacidad de plantarle cara por teléfono (la casera vivía en otra comunidad), que Lidia decidió dejar el piso. En vez de decirle que se iba porque eso era inhabitable, le escudó en que la habían despedido del trabajo y no podía permitirse el alquiler. Nosotras seguíamos intentando que se impusiera y ella decía que no que era mejor así por evitar discusiones, que ella ya le había expuesto los problemas que había y que realmente la casera no quería escuchar, y que ella no tenía la necesidad de ponerse a discutir con nadie ni quería convivir con una persona así.
Acabó el mes y con ello entregó las llaves a una amiga de la casera, que subió a ver el piso y le dijo que estaba impecable. La casera contenta llamó a Lidia, charlaron un rato y la tipa le pidió si podía enseñar el piso a otra gente para alquilarlo, que si lo metía en la inmobiliaria le llevaba un buen pellizco. A Lidia le pareció fatal pero aceptó, según ella, porque no aún no le había devuelto la fianza, que en cuanto lo hiciera ella se desentendía de esta mujer.
La casera se cruzó medio país para ver como estaba su casa antes de darle fianza. Para sorpresa de mi amiga, la casera la llamó llorando (nosotras delante) que le había destrozado su piso y que le faltaban muchas cosas. Lidia muy serena y sin bajarse de su tono de niña buena, le dijo que el piso estaba mejor que cuando ella lo había recibido, que no faltaba nada porque en su piso ya no había nada y las cosas que estaban rotas eran las que ella misma le llevaba diciendo meses que lo estaban. La casera insistía y lloraba y mi amiga le rebatía todo pero luego de 20 minutos al teléfono le digo, serenamente, que ya veía que no quería devolverle su fianza y que ella no iba a perder más tiempo de su vida. Le dijo que era una mentirosa, una ladrona y una sinvergüenza y le colgó.
Nosotras intentamos convencerla para ir las 3 al piso y hablar con la mujer cara q cara para que delante nuestra nos enseñase el piso destrozado, que era mentira, y exigir el dinero. Pero ella se negó y dijo que ya estaba, que le superaba la situación y que quería pasar página, a lo que Susana le dijo «joder es que eres tonta, la señora esta se aprovecha de que no tienes carácter o es que no lo ves, había de ser yo».
Y ese fue el último día que tuvimos contacto con ella. No quiere quedar con nosotras, no lo dice pero nos evita, nos contesta WhatsApps por responder pero se ve que está enfadada y que no lo habla.
¿Veis para tanto el enfado? ¿Qué debemos hacer? Susana dice que está harta, que si no se le puede decir nada, que es muy sensible y que ella no quiere una amistad en la que no puede ser ella misma porque se tiene que medir constantemente para no ofender. Y yo, no sé qué pensar…
