Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
En la familia somos tres hermanas, todas chicas. Yo soy la mayor y, por detrás tengo a Luna y a Estela.
Siempre nos hemos llevado bien, con nuestras peleas y discusiones, pero lo normal entre hermanas.
Es verdad que Estela, la pequeña, y yo siempre hemos tenido más feeling y de hecho, a día de hoy, somos inseparables, vivimos en la misma ciudad y compartimos hobbies y grupo de amigos. Luna, es más un espíritu libre, vive fuera y desde pequeña ha sido mucho más independiente. Aun así, quiero que quede claro que las tres tenemos muy buena relación y estamos siempre las unas para las otras.
El caso es que dentro de cuatro meses me caso con el amor de mi vida. El año pasado nos prometimos y llevamos desde entonces organizando todos y cada uno de los detalles de la boda para que ésta sea perfecta: finca, menú, ceremonia, detalles vídeo, fotografía e invitados. La idea es tener nuestra boda soñada y compartida con la gente que realmente queremos que esté, sin compromisos ni más uno sinsentido.
Ya tenemos casi todo cerrado y ahora estamos enfocados en organizar a nuestros invitados en las distintas mesas. Hemos aprovechado las vacaciones de Navidad para juntarnos con nuestras respectivas familias y que, así, puedan también ellos echarnos una mano con todo esto. Pues bien, el día que mi futuro marido y yo nos reunimos con mis padres y mis hermanas para enseñarles un poco la distribución de las mesas, todo parecía perfecto hasta que Luna dijo que no habíamos tenido en cuenta a su pareja a la hora de organizar los sitios.
Esto nos pilló a todos un poco desprevenidos, primero porque no sabíamos que tenía pareja y, segundo porque no entendíamos que quisiera traerla a la boda sabiendo como sabía que no queríamos ninguna invitación por compromiso. Pero lo peor no fue eso, lo peor fue saber quién era su pareja.
No os podéis imaginar la cara que se me quedó cuando nos enseñó la foto de su novio. Al principio, creí que se trataba de una broma cuando al sacar el móvil me enseñó una foto de mi novio del instituto, pero, spoiler, no era una broma.
Cuando le pedí explicaciones, empezó a contarnos que no era algo que hubiera buscado y que había surgido un poco sin querer. Comentó que cuando había venido de vacaciones en verano a vernos, un día de juerga se lo encontró en uno de los bares que normalmente frecuentamos, que se pusieron a hablar y que no sabe cómo, pero acabaron liándose, que llevan desde entonces con una relación a distancia y que al verse de nuevo ahora en Navidad todo había sido tan especial que había confirmado que estaba enamorada de él.
Es verdad que han pasado casi veinte años desde que Andrés, que así se llama el susodicho, y yo fuimos novios y, que no estuvimos juntos más de seis meses, pero es una persona con la que intimé y con la que no acabé especialmente bien. No es que nos odiemos, pero no somos amigos ni tenemos ningún tipo de relación.
He intentado explicarle a mi hermana que no me siento cómoda con que salga con Andrés y, mucho menos con que él esté en mi boda ya que es alguien de mi pasado que estuvo ahí, pero que ahora no forma parte de mi vida y que creo que no tiene sentido que esté en un día tan especial para mí. Ella dice que estoy siendo una egoísta y que no estoy teniendo en cuenta sus sentimientos, que no es algo que haya buscado, que no ha elegido de quién se enamora, que si todo el mundo puede ir con su pareja a la boda no entiende por qué a ella le hago ese feo y que, si finalmente Andrés no está invitado, ha decidido que ella tampoco irá.
Mis padres y mi otra hermana, entienden mi enfado y mi disgusto, pero también quieren que estemos todos juntos y que algo así no empañe este día, así que me proponen que ceda, aunque sea un poco e invite a Andrés después de la comida. Yo no estoy conforme tampoco con esto porque sé que voy a estar nerviosa todo el rato por eso y porque no sé si estoy preparada para ver a mi hermana con mi ex y menos el día de mi boda.
No sé qué hacer, lógicamente quiero que mi hermana esté en mi boda, pero no sé si estoy dispuesta a ceder a cualquier precio.
