Mira, como alguien que fue adoptada de un pais tercermundista y con amigos adoptados de la india, te voy a dar mi punto de vista.
En la mayoría de los países internacionales, sobre todo en los menos desarrollados, la adopción es como ir a comprar una mascota a la tienda. Y si la criatura que adoptas es lo suficientemente mayor, así lo sentirá. Le ves en fotografías, si te convence le ves socializar etc, eliges el que prefieras, los trámites burocráticos (que son unos cuantos), los pagos en negro al orfanato, ministerios (que son unos cuantos) y te lo llevas. En España hay más restricciones, pero precisamente para evitar esa «compra» de los niños.
Esto te puede salir o muy bien o muy mal. Tengas o no tengas la culpa de ello.
Puede que la criatura no cargue con demasiados traumas y se adapte bien y sea una familia maravillosa.
Puede que la criatura si cargue con traumas (yo llevo muchos en mi espalda, y tras casi 30 años, sigo cargando con ellos) pero los padres sepan gestionar y entenderlo y dentro de lo que cabe sea una relación sana. (Lamentablemente este no fue mi caso). Ahí tendrás que tener una gran fortaleza, inteligencia emocional y aguantar mucho. No sólo derivar a la criatura al psicólogo, sino saber que posiblemente no puedas con ello. Y la mayoría de los casos, las criaturas no quieran hablar de ello. Se considere algo demasiado íntimo esas vivencias que tuvo.
Y la peor de todas. Que la criatura cargue con una mochila de traumas y los padres no sepan gestionarlo. Ahí la relación estará rota en cuanto afloren los traumas (en la preadolescencia normalmente). Pongamos un ejemplo. La criatura sufrió hambre en sus etapas más cortas de vida. Y tras adoptar, descubres que esconde la comida en la habitación, y se pone hecho un basilisco cuando intentas devolverla a su lugar. Gritos, peleas, llantos… Y como padres formales y educados, lo explicas por activa y por pasiva, y aún así cada día encuentras piezas de comida entre los calcetines. Como alguien que no ha sufrido hambre extremo, no entiendes como puede ser que no vea que la comida está disponible en la cocina, que se levante y tiene la nevera a mano. Como hijo, tiene la necesidad inconsciente de almacenar la comida por si un día desparece y vuelve el hambre. Y esos detalles, hasta que no lo interiorice, se repetirán hasta en las cosas más básicas del día a día. Tal vez, lo entiendas el primer año, pero no después de repetirlo 1736426 veces. Y pierdas la paciencia. Y ahí comenzar AA romperse la relación.
Ya siento no ser tan positiva y esperanzadora en este tema. Pero en los 8 casos de adopciones de cri@s mayores de 1 año, tan solo 2 casos salieron bien y tras la mayoría de edad siguen manteniendo contacto con los padres adoptivos (así como amistades sanas, trabajo etc). 2 se descarrilaron hasta límites insospechados (violencia intrafamiliar, denuncias, y en un caso tráfico de drogas). Otro caso de un adulto funcional con amistades sanas, trabajo, y ya es un padre amoroso y sobreprotector (para que su hijo no viva lo que sufrió el) pero que no quiere ver ni en pintura a sus padres adoptivos por temas varios. El último caso, otro adulto que a pesar de ser encantador, divertido, trabajador, empático con los demás, prefería haberse quedado en el orfanato a la vida que vivió tras la adopción.
Como te digo, puede salir bien o muy mal. Eso es ya una tómbola.
Mucho ánimo con tu decisión!