Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Entiendo que mi forma de ver la vida no es habitual y que puede que no quiera compromiso alguno a largo plazo, pero tengo derecho a estar en pareja cuando realmente estoy enamorada y así lo sienta y no estarlo cuando deje de sentirlo. Hace años que no tengo ninguna relación que dure más de un año, pero no siento que engañe a nadie. Es cierto que puede que les haga daño a las parejas que voy teniendo, aunque no lo haga de forma consciente ni les prometa nada que luego no cumpla.
Me encanta el verano, es una época maravillosa en la que suelo tener un mes de vacaciones y luego me cojo unos días sin cobrar y acumulo mes y medio en el cual suelo hacer viajes largos y lejanos. Me gusta viajar y me gusta hacerlo sola, sentirme libre, conocer diferentes destinos y diferentes personas y vivir lo que surja durante este periodo de tiempo. Entiendo que es bastante incompatible mi forma de ver la vida con la de tener una relación de pareja estable, pero aunque alguien aceptara mi forma de vida o tuviese una relación abierta, no he sentido nunca nada por nadie que haga que durante este tiempo me apetezca estar libre en todos los sentidos y no tener que escribir ni un solo mensaje a una persona que estará siguiendo su rutina esperando mi llamada.
Puede que no me haya enamorado de verdad nunca, o puede que cuando pasan unos meses se acabe el amor. Lo que sí es cierto es que cuando empiezo una relación siento de verdad que quiero a esa persona, que quiero compartir tiempo con ella, me encanta el invierno en pareja, acurrucados en el sofá, ver la lluvia desde la cama, hacer planes de invierno, etc. Cuando conocí a Iván el setiembre pasado, ya le comenté que nunca había tenido una relación que me durara más de un año, pero me dijo que no le importaba, que en la vida nunca se sabe, que si me enamoraba de él de verdad podría tenerla. No le dije que seguro que no podría hacerlo porque segura no estoy de nada, pero tampoco le mentí ni le engañé en ningún momento.
Iván y yo hemos pasado unos meses perfectos. Hemos congeniado, nos hemos divertido, el sexo ha sido brutal y hemos conocido a nuestros respectivos amigos. Pero, yo ya no siento que quiera seguir pasando tiempo con él. Ha llegado el calorcito, las ganas de irme lejos, de vivir la vida, de vivir los días y las noches totalmente libre, sin estar pendiente de absolutamente nadie. Mis amigas dicen que soy muy egoísta, por solo querer hacer lo que me apetezca en todo momento. Puede que así sea, pero yo no engañé a Iván cuando le hablé de mis ansias de libertad.
La verdad es que él se ha quedado muy tocado y eso me duele, le he dicho que podemos ser amigos, que podemos volver a retomar el contacto en septiembre, pero dice que para entonces será él libre y que no querrá saber nada de mí. Lo entiendo perfectamente y no tengo nada que decirle ni nada que recriminarle, sin embargo, mi entorno me hace dudar de si estoy actuando bien viviendo la vida de esta manera.
Yo no sé si estoy haciendo bien o mal o si cambiaré mi forma de ver las cosas algún día, pero ahora mismo siento que es lo que deseo y que poniendo en sobre aviso a los chicos al conocerlos no estoy engañando a nadie ni siendo deshonesta con ellos. Lo que más me molesta de todo esto no es el enfado de Iván, que puedo entender por despecho, sino la forma en la que mis amigos me hacen sentir.
