Llevo con mi novio desde los 17 años, y ahora que tengo 22, le he pedido que nos casemos. Sé que es precipitado porque somos jóvenes, pero a mi padre le han detectado una enfermedad degenerativa y mi mayor ilusión, y la suya, es ir de su brazo al altar.
A mi novio, en principio no le pareció mala idea porque nos queremos mucho y él también aprecia muchísimo a mi padre y entiende la urgencia, pero cuando se lo dijo a sus padres, estos pusieron el grito en el cielo.
Yo con sus padres me llevo muy bien, pero ellos creen que es una locura que nos casemos tan jóvenes y que lo hagamos con la sensación de que vamos contrarreloj, en lugar de ser por algo que ha nacido de nosotros.
Creo que no tiene razón, a nosotros nos parece bien casarnos porque tenemos claro que queremos estar juntos, pero tampoco quiero crear un conflicto familiar que nos persiga en un futuro a todos.
¿Creéis que es un error precipitar las cosas para vivir un momento precioso que quede siempre para el recuerdo?
