Llevo más de medio año casada y desde el primer día me siento mal porque no me gustó nada mi boda. Creo que cometí todos los errores del mundo por no saber decir que no, y al final terminaron invitadas muchísimas personas que ni conocía porque mi suegra y mi madre no tuvieron control invitando por su parte. Además tuve que casarme por la iglesia, cosa que a mí no me gusta, pero si no mi suegra se volvía loca, mi vestido era muy clásico y tradicional para contentarla y tuvimos que hacer la celebración en una finca que ellos poseen porque era la tradición familiar.
Los invitados dicen que estuvo bien, pero yo tuve una sensación de manipulación brutal durante toda la boda, nada era como yo quería, mis amigas no estaban colocadas en las mesas como yo las hubiera colocado. Mi suegra es una mujer con muchísimo carácter y está acostumbrada a organizar todo como ella quiere, pero la culpable fui yo por dejarle para no entrar en un enfrentamiento antes de la boda.
Mi marido sabe todo lo que pasa por mi cabeza y me ha dicho que si quiero, nos volvemos a casar de forma simbólica, invitando solo a amigos en algún lugar bonito, con vistas al mar, como a mí me hubiera gustado y llevando el vestido de mis sueños. Así tendríamos nuevos recuerdos, nuevas fotos y muchas risas que recordar. Aunque me apetece mucho la idea, sé que también es bastante dinero y aunque él se lo puede permitir, no sé si con el tiempo me arrepentiré de haberle hecho gastar tanto dinero para cumplir una ilusión mía
¿Aceptaríais la oferta o creéis que con el tiempo se me pasará esta sensación y que no merece la pena?
