Desde que tengo memoria he comido como una lima. Me encanta comer, me parece uno de los placeres más grandes que nos concede esta vida. Nunca, jamás de los jamases he pensado, nutricionalmente hablando, en lo que comía. En mi casa se ha seguido siempre una dieta mediterránea y yo nunca he tenido problemas de peso, ni por exceso ni por defecto. Cuando escuchaba hablar de pesar comida, de qué comer con qué para absorber mejor sus nutrientes, de número de calorías…mi cara era la misma que si me estuvieran hablando en japonés. Reconozco mi tremenda ignorancia, pero es que además, ni lo sabía ni me importaba.
Pues bien, ahora he sido madre y me he encontrado con la maravillosa etapa de…¡la alimentación complementaria! Y de pronto me veo calculando cuánto hierro tengo que dar a mi bebé, cómo dárselo, de qué alimentos extraerlos, con qué otros mezclarlo para que lo asimile mejor…un cuadro.
Cada vez que hago una comida me siento como la mujer del meme que piensa en fórmulas matemáticas ¡No tengo ni idea! Y en los cursos de alimentación que hemos hecho me siento tonta, todas las mamás hablando de hierro, cinc, fosfatos, vitaminas, cuando yo lo único que sé de ellas es que hay que beberse el zumo de naranja rápido para que no se pierdan…(y resulta que es mentira).
En fin, que mi bebé está sano y regordete, pero a mí me está costando la vida entender cómo funciona la nutrición. No sé si realmente es necesario que las mamás nos convirtamos en expertas en el tema, pero yo sufro cada vez que me pongo a los fogones. Así que he optado por seguir una dieta equilibrada y mediterránea heredada de mi madre y abuela, pero no dejo de preguntarme si con eso basta.
¿Qué opináis vosotras? ¿Habéis tenido la misma inquietud?
