Hola, hoy traigo un tema un poco delicado, porque alguna me pondréis a caer de un burro al interpretar que estoy criticando a mi mejor amiga de la infancia ¡pero necesito expresarlo!
Mi amiga ha estado organizando su boda todo el año. Al principio hasta pensé que sería divertido, me sorprendió mucho que decidiera casarse con un año de relación y sin ningún tipo de convivencia con su novio ¡pero es su decisión! Como pensé que el “ciegue” era por la novedad, cuando nos dio la noticia, cumplimos con absolutamente todos los clichés de película y fotos incluidas (en las fotos parecía que ella era la virgen María y que la estábamos adorando alrededor, pero a un anillo en la mano). ¡Increíble!
Desde entonces, me armé de paciencia e intenté “comprender” que mi amiga de toda la vida se había subido a una nube y que estaba “drogada por el romanticismo de Hollywood”. Estaba en un pedestal de fantasía. Poco a poco, empezó a hacer todas esas cosas que se supone que “tus amigas no hacen”. Desde criticar la última boda “más humilde” de otra amiga, mencionar que su vestido era más exclusivo, más caro, más de marca. Empezar a centrar absolutamente todas las conversaciones en el lujo de su boda. Y si, algo que me dolió bastante, comentarios comparativos hacia la baja como “tú siempre te has querido casar ¿él no se anima?” pues “si te quiere se casará por la iglesia contigo por ti” o “que pena que no lo consigas”.
Luego vino el tema de la despedida que me la encargó a mí. Tuve que coordinar a 30 mujeres (nacionales y no) que al final se quedaron en 15. Esa despedida en la sierra, tope de lujo, haciendo esfuerzos para “no decepcionarla”. La decoración de la habitación, la cena, las fotos, los videos, las vistas… ¡por favor! Encima, no hubo un momento de conexión verdadera con mi amiga. ¡Lloré y me emocioné en realidad por eso en la despedida, no por el bendito anillo! Cabe decir que mi amiga del alma me dictó los regalos de despedida que ella quería tener, de lujo, además. Me preguntaba ¿sabrá el esfuerzo económico que supone todo esto? ¡Somos clase trabajadora!
Y luego llegó el día de la boda, bueno no tan rápido… pasaron más cosas en medio, pero os aburriría con un relato tan largo. Llevé acompañante y le di de regalo (de mis ahorros) 400 euros y un regalo físico para utilizar ese día. Cuando le di el regalo y abrió el sobre “pude ver su cara de absoluta decepción”, y como si de un mero trámite se tratase ni GRACIAS me dio mi amiga. Y yo pensaba ¿Pero ella se dará cuenta de que he renunciado a mis vacaciones para estar aquí con un vestido nuevo, zapatos, peluquería, transporte y dinero? ¿Dónde está mi amiga?
El día de la boda me descompuse, reía y me emocionaba. ¡No sabía que sentía! Todo aquel lujo inconexo… y ni una sola mirada de complicidad. Para más inri, me tuve que poner más baja para posar en las fotografías (descalza), porque sin querer destacaba, sin querer incumplía el protocolo. Y de pronto, mi amiga que estaba subida a aquel pedestal me pareció muy pero que muy chiquita.
¿Y sabéis lo peor? Que desde entonces, siento que no ha dejado de encoger.
