Llevábamos un año y medio juntos.
Tiempo suficiente para conocernos y para haber convivido, entre su casa y la mía. Para viajar y haber compartido muchas cosas y momentos preciosos.
Desde el principio me sorprendió la velocidad a la que él quería avanzar (¿primera bandera roja?). También hubo mentiras, muchas, pero «no eran importantes».
Me hablaba de su vida anterior (no somos unos niños) poniéndose muchas medallas, y nunca reconocía su parte de responsabilidad en los fracasos que había vivido. No sólo amorosos.
Me enamoré de él. Le hice un sitio en mi vida.
Después pasó el enamoramiento y yo lo aceptaba, aún sabiendo que no era perfecto. Hablamos de construir un futuro juntos. Pero el futuro nunca llegaba porque iban surgiendo cosas. Juicios, problemas en el trabajo, problemas familiares…
Y ha seguido con las mentiras.
Mentiras quizá poco importantes, pero que dicen mucho de una persona, que no es honesta.
Cuando le he dicho que no creía lo que me decía, intentaba darle la vuelta y me decía que era yo quien no confiaba.
Alguien que no reconoce sus errores.
No todo ha sido malo, claro que no. También ha sido una persona detallista y un apoyo para mí en algunos momentos. Me ha escuchado, me ha arropado y ha sido generoso.
Buscando ahora las palabras para describirle, me doy cuenta de que a mí me ha dado un segundo plano, aunque haya compartido sus cosas conmigo. Quiero decir que mis necesidades o mis problemas nunca estuvieron al mismo nivel que los suyos.

Ahora tengo que soltar. Aprender a vivir sin él. A cuidarme. A no cruzar mis límites ni dejarme llevar por quien mira prioritariamente por su bienestar y sus necesidades.
Necesitaba contar esto para desahogarme.
Cualquier punto de vista externo o apoyo es bienvenido. En primera persona se vive con mucha intensidad y se pierde la objetividad.
Saludos