Conocí a este chico a mediados de noviembre del año pasado. Me invitó a salir una semana después de habernos conocido. Me sentí muy bien en su compañía, y quedé bastante entusiasmada luego de la primera salida. Dejamos bastante en claro lo que buscaba cada uno: conocernos y establecer, en caso de que surgieran sentimientos amorosos, una relación formal y cerrada. De ahí en adelante, nos vimos en persona un máximo de ocho veces (es decir, ocho salidas) antes de que todo terminara, dado a que ambos vivimos en diferentes ciudades, y solamente podíamos vernos los fines de semana. El resto del tiempo, charlábamos por mensaje.
Podíamos pasar horas hablando de casi cualquier tema. Ambos coincidíamos en los puntos que consideré más relevantes, tales como: valores de pareja, familia, ideología política, entre muchos otros. Él también me expresó que estaba feliz de coincidir conmigo en tales aspectos. Sinceramente, algo me hizo creer que estaba conociendo al hombre que siempre deseé.
Se mostraba interesado en mi vida; mis amistades, mi entorno, mis gustos. Absolutamente todo. Por momentos, llegué a sentir que estábamos yendo algo rápido, pero sabía perfectamente que ninguno de los dos tenía apuro; lo charlamos previamente, y ambos queríamos tomarnos nuestro tiempo.
Me llevó a conocer la ciudad en la que vive; algunos de los lugares que frecuenta; la escuela en la que estudió; y demás.
Me envió un mensaje en año nuevo, diciendo que estaba feliz de haberme conocido y de saber que comenzaría el 2024 saliendo conmigo, y que tenía la esperanza de que fuera prometedor para lo que estábamos construyendo.
Siempre resaltaba mi belleza física, y lo que le atraía de mi personalidad. Con respecto a esto último; no perdía la oportunidad de decirme que le parecía una mujer muy tierna y amorosa. Según él, nunca había salido con alguien así, y se notaba a sí mismo bastante entusiasmado con eso. En una ocasión, afirmó releer nuestro chat y sorprenderse al ver la forma en la que me trataba, pero me aseguró que todo lo que yo le provocaba era positivo. Y que, aquello último, le gustaba mucho. A su vez, disfrutaba el escucharme hablar de temas que, quizás, él no comprendía. Puedo dar fe de esto, ya que notaba que me prestaba atención, y me hacía más preguntas a medida que conversábamos.
Me mencionó que estaba interesado en presentarme a su familia, algo que opté por tomar como otro indicio de interés genuino. Yo le presenté a la mía el día de mi cumpleaños (enero). Hizo mucho énfasis en que quería estar presente si yo así lo deseaba, sabiendo que solamente mis papás y mis hermanos formarían parte de la celebración (no quise hacer una fiesta multitudinaria, por lo que le aclaré que toda la atención recaería en él a pesar de haberle aclarado a mi familia que sólo estábamos saliendo). Aceptó a pesar de eso y con mucho gusto, e incluso llegó a mover horarios del trabajo para poder venir, algo que ya había hecho previamente en otra de nuestras salidas.
Aparentaba ser una persona bastante “intensa”, algo que él mismo reconocía y por lo que, en dos ocasiones, llegó a pedirme disculpas. Ambas veces, le dije que no me molestaba que fuera así, sino todo lo contrario. Siempre traté de demostrarle que su supuesta intensidad me encantaba. Quería demostrarle que podía confiar en mí. Me gustaba muchísimo y estaba feliz de corresponderle. Fue la primera vez que salí con un hombre con quien sentí conectar en muchísimos aspectos. Él afirmó sentirse de la misma forma.
En cuanto a toda interacción de índole sexual; besarnos era lo que más hacíamos. Ganas de mantener relaciones sexuales no nos faltaban; la atracción y la química sexual eran evidentes, pero jamás me presionó a nada. Afirmó estar dispuesto a esperar hasta que yo realmente quisiera hacerlo. Consecuentemente, no tuvimos sexo durante el tiempo en el que salimos, pero estábamos planeando hacerlo cuando volviera de un viaje con su familia.

Estas, y muchas otras actitudes, me hicieron creer que sus intenciones eran realmente serias. Aclaro esto, ya que me caracterizo por ser una persona muy desconfiada, y tiendo a creer que los demás siempre intentan sacarme algo (producto de malas experiencias en el pasado). Él notó esto, y siempre hizo amplio énfasis en que quería que confiara en él, ya que, si no, no creía que lo nuestro pudiera continuar. Le di la razón en esto, y las cosas siguieron bien. Opté por confiar.
A finales de enero, se fue de viaje. Se tomó el trabajo de hacerme un cronograma, para que supiera las diferencias horarias; cuándo estaría más disponible y cuándo no. No pudimos vernos antes de que se fuera por falta de tiempo de ambas partes, pero ambos queríamos vernos. Me pidió hacer una videollamada antes de que subiera al avión. Apenas llegó, me habló y me mandó fotos como siempre hacía. Todo estaba como de costumbre hasta que llegó el fin de semana.
Él estaba atravesando conflictos familiares; sus padres querían separarse, y si bien sabía que la separación era inminente, la confirmación le llegó en pleno viaje. Un día después de que le soltaran el bombazo, me mandó un mensaje diciéndome que se sentía muy mal. Sumado a esto, él debía seguir trabajando incluso durante su viaje, y las cosas tampoco estaban saliéndole como quería en ese ámbito. Su actitud para conmigo cambió repentinamente luego de esa noticia. Tres días después de contarme lo que pasó, me dejó. Así como así. Alegó que era porque, según él, no quería seguir haciendo cosas que sólo lograran involucrarnos más y que, en consecuencia, nos resultara más complicado despegarnos en un futuro. Que estaba muy triste, y que sentía que, si todo seguía así, yo iba a decepcionarme mucho de él. Que me quería, pero decidía hacerse a un costado porque, desde su posición, sentía que no podía hacer nada más.
Intenté darle su espacio cuando lo noté distante; procuré no molestarlo ni presionarlo a que me contara en detalles cómo se sentía; le afirmé que yo estaba ahí para acompañarlo en lo que necesitara; que quería formar parte no sólo de las buenas, sino también de las malas. Eso no impidió que me despachara. Me destrozó.
Ya pasaron dos semanas, y sigo muy triste. Entiendo el dolor que atraviesa, porque mis padres también se divorciaron cuando yo era una preadolescente. ¿Pero qué tengo que ver yo con la situación? ¿Será que me encariñé demasiado rápido? ¿Algo de todo lo que me dijo pudo ser mentira? No encuentro respuestas, ni consuelo en nada. Una parte de mi quiere esperar; ver si vuelve. Pero la otra ya no está tan segura de si eso vale la pena. Me bloqueó de WhatsApp y del resto de las redes sociales en las que lo tenía agregado. Es como si lo nuestro nunca hubiera existido.
Los dos somos jóvenes (entre 21 y 25 años). Sé que hay muchos hombres en el mundo, pero no dejo de pensar en qué pudo haber sido su hubiera elegido aceptar mi ayuda. Lo extraño.