Hola,
rebusqué en el foro por si había un hilo con este tema pero no encontré ninguno, si lo hay, lo siento, pero al usar la barra de busqueda del foro me derivaba a artículos de la página web.
Escribo esto porque necesito reflexionar en alto y dar rienda suelta a mi frustración y mi enfado. No puedo hacerlo en mis RRSS porque vivo en un sitio pequeño y parte de mi círculo son mis propios clientes. Basicamente sería tirar piedras contra mi propio tejado.
Trabajo en un bar de vinos y tapas. Ayer (viernes), unos chicos de una mesa estuvieron 2h haciéndose notar con todo tipo de comentarios sobre mis piernas. Al punto que me hacían ir a su mesa para decirme cosas como «queremos que te gires para poder verte las piernas». Mi humor empeoraba por momentos y la «amabilidad» estándar de camarera empezaba a brillar por su ausencia. Al finalizar la cena, después de requerirme que anotara mi número en los billetes que les tenía que devolver, uno de ellos se acerco a pedirme «perdón» por los comentarios y confesarme que la semana pasada me vieron por la calle en minifalda y de ahí toda «la broma».
La idea de que algo de mi vida privada se use en mi contra en mi trabajo me dió mucha rabia. Tengo camisetas que me puedo poner y camisetas que no me puedo poner para ir a trabajar. Depende del escote, de lo ceñidas que sean. Toda mi elección está basada en los comentarios que pueden acarrear por parte de mis clientes masculinos. Evidentemente no iría en minifalda al trabajo porque sería pintarte una diana. Lo sé porque en un bar que trabajé durante el verano tenía que llevar pantalones muy cortos y fué un mes de mierda. Al final dejé de ponerlos y le dejé claro a mi jefe que el sueldo que me pagaba no me compensaba los comentarios constantes.
¿Por qué la sociedad trata tan mal al mundo de la hostelería? ¿Por qué los hombres se cren que el derecho de decir todo lo que se les pase por la cabeza a una mujer solo por el hecho de estar detrás de una barra?
No es de las peores situaciones que he vivido, gana el tío que se masturbaba detrás de la barra.
El domingo vienen esos tíos con otros 15 a comer a mi bar. La ansiedad, la ira y la frustración que siento en pensar en que van a continuar los comentarios, durante más horas y envalentolados por el alcohol, me amargan el día.
En fin, solo escribo esto para que vosotras, chicas, si vais a un bar y vuestros amigos hacen «bromas» salidas de tono y comentarios sobre el físico de la camarera los pareis. Ellas no pueden, en muchos bares las normas son no contestar nunca mal a los clientes. Ayer, en esa mesa había una chica, no fué capaz de echarme un cable. La sororidad debería ser la piedra angular de todas las mujeres.
Un saludo y mucho ánimo a todas las camareras que lidian a diario con borrachos y tíos que en un ambiente de testosterona se vienen arriba.