Reproducimos testimonio de una seguidora:
Sé que me vais a linchar, pero es mi verdad y es una situación que me tiene cansada.
Soy la única de mi grupo de amigas que no ha sido madre. En el grupo somos cinco y todas menos yo, tienen uno o dos hijos.
Estamos muy unidas, juntas des del instituto, aunque la vida nos ha llevado por caminos diferentes, siempre nos las hemos apañado para seguir juntas. Hemos superado parejas tóxicas, relaciones absorbentes, erasmus, mudanzas, enfermedades, rupturas y, como no, maternidades. Pero en esto último, se ha cogido una costumbre que no me gusta nada y cuando la planteo, parece que no se me entiende.
Por los motivos que sean, siempre acabo siendo la recadera del grupo.
Aclaro que soy consciente de que ser madre es algo durísimo, que te cambia la vida y que tu día a día se convierte en un caos. Entiendo que están cansadas, que no tienen tiempo y que siempre hay imprevistos que giran entorno al bebé, pero eso, no significa que yo deba encargarme de todo.
En mi grupo, se ha asumido que como yo solo tengo pareja, tengo mucho más tiempo libre. Cosa que es cierta. También se ha asumido que, cuando hay que planificar o hacer algo, soy la que tiene más facilidades. Cosa que también es cierta. Así que, por esa regla de tres, se me ha acabado imponiendo el rol de ser la asistenta de todas mis amigas.
¿Qué hay un cumpleaños de ellas o de los peques? Yo soy la que acabará yendo a hacer la compra. Porque claro, con todo el tiempo libre que tengo, me lo puedo permitir y no tiene sentido hacerlo de otra manera.
¿Qué tienen que recoger un paquete en correos o llevar algo? Lo haré yo, porque las veo a menudo y claro, pudiendo ir yo sin el follón de los niños, es mucho mejor y estaremos todas más tranquilas.
¿Qué hacemos un plan para vernos? Yo soy la que debe organizarlo todo e incluso facilitar las cosas para que todas puedan llegar. Ellas no tienen tiempo de ponerse a pensar o a mostrar interés.
Evidentemente, soy consciente de que formo parte de su red de apoyo y me toca hacer estas cosas, yo lo acepto y me parece estupendo. El problema viene en que se ha convertido en una imposición, en algo que todas dan por hecho porque es 2+2.
Cuando se da una situación así, yo lo hago para ayudarlas y, si lo creo conveniente, les comento que me hubiera gustado que me preguntasen antes de dar por hecho que lo iba a hacer. No siempre lo hago, porque ya se ha dado alguna vez en la que las he sentado y se lo he comentado, y solo he recibido malas caras, reproches y que se me acuse de egoísta, de no entenderlas y de no querer ayudar.
De verdad que quiero entender su parte, la parte de todas las personas madres, pero al final, es una rutina de la que yo no formo parte y que, al no tener hijos, no debería tener.
Adoro a mis amigas y a mis sobrinos, pero no las veo abusar así de ningún amigo más, o de algún amigo de sus parejas. Siempre me toca a mi y acabo organizando mi vida en función a si ellas necesitan algo. Es muy frustrante.
Y sé que esto puede sonar fatal y que por más que me explique, solo voy a empeorar las cosas.
Pero es que siempre se habla desde la perspectiva materna, de como las amigas sin hijos de repente desaparecen. Pues quizás tienen motivos. Quizás las amigas sin hijos queremos, simplemente, no tener hijos, y no tener que estar pendientes de todo lo que conlleva.
Quizás queremos estar presentes, pero en la posición que nos toca.
Quizás deberían escucharnos más, y dejar de tratarnos como recaderas.
