Hola gente bonita!
Hoy y desde el anonimato me animo a contar esta historia. Hace más de una década empecé a trabajar en mi puesto actual, somos un grupo numeroso de compañeros pero desde el minuto uno me fijé en él, pese a que estaba sexualmente muy activa y receptiva no había más hombres en qué fijarme, me gustó tanto que no veía a otros, no quería nada romántico con, llamémosle Payasete, pero tenía unas ganas locas de follarle. Por timidez y porque creía que para mí era inalcanzable durante meses no le dije nada, durante aquel tiempo otro compañero me metió fichas hasta que caí rendida a sus pies, la dopamina volvía locos todos mis instinto y ese falso enamoramiento inicial hacía que no hubiese ojos para nadie más, Payasete había quedado en tercer plano.
Yo había olvidado que me volvía loca hasta que un día, por gracia de los efluvios del alcohol y sus apuestas casi absurdas me pidieron que le besase, le miré a los ojos, le pedí permiso y él me lo dio, nos dimos el primero de todos los besos de aquel día, los hubo tímidos, tiernos, húmedos, largos, sensuales y apasionados, nunca me había besado tantas con nadie y creo que jamás lo volveré a hacer. No nos acostamos porque no encontramos un hotel, si no, esa cantidad de besos habrían recorrido algo más que que su boca.
El día después fue caos mental, yo seguía teniendo una pareja por la que bebía los vientos pero había conseguido aquello que tanto ansiaba, además los tres trabajábamos juntos. Intenté jugar a dos bandas, no quería perder aquello que tanto había deseado y tampoco renunciar a lo que estaba creando con mi entonces novio. Fui sincera, a mi recién estrenada pareja le dije que nos habíamos besado y al no habernos acostado lo aceptó. Quedé una vez más con Payasete pero no sé qué pasó que no cuajó. Nada de aquello salió bien, perdí a ambos y la vida pasó.
Pasó la vida y pasaron los años, con Payasete alguna caña con algún compi más, saludarnos por los pasillos del trabajo, WhatsApp puntuales, chats laborales y colegas en común, poco trato más tenía con Payasete, no habíamos vuelto a intentar intimar. Aunque yo alguna vez había pensado qué podría haber pasado si alguno hubiese dado algún paso más no quise pensar más en aquello e interpreté que él tampoco.

Hasta que una noche, charlando por WhatsApp recordamos el festival a besos que nos dimos en su día y llegamos al punto en común de que jamás nos habíamos vuelto a besar tanto con otra persona. El recuerdo de nuestros labios juntos y nuestras lenguas jugando nos llevó a un primer tímido sexting, más naturalmente surgió el segundo, siguió el tercero y otros tantos más.
A día de hoy, dos años después, no hemos tenido sexo más allá de la pantalla, si nos vemos en el trabajo tenemos un trato neutral y profesional.
Cuando la ocasión cuadra los dedos me duelen, me encanta contestar ardiente a sus mensajes mientras fantaseo con él, me masturbo con sus deseos, ver las fotos y los vídeos que me manda, y le envío audios mientras me corro a distancia. Virtualmente hemos hablado de fantasías y sin que nuestro cuerpo haya juntado más que labios contra labios hace años, sabe más de qué me gusta en la cama que personas que deberían saber hasta dónde están mis lunares. Pensar en él me excita igual que hace más de una década y me encanta correrme con sus mensajes. Mis dedos y mis juguetes sexuales junto a sus mensajes me ha dado más placer que otro hombres de manera física.
Quizá sea raro o pueda sonar conformista pero aunque algún día querría que estuviésemos juntos de manera física me encanta lo que tenemos. Sin ataduras, sin compromisos y con ese morbo añadido que da pensar si algún día haremos aquello que nos escribimos.
Me encanta la manera en que Payasete y yo fluimos. Espero que dure mogollón y si no quien sabe, quizá recuperemos el morbo otros 8 o 9 años después.
Gracias por leerme,
Estrella