La maternidad está llena de contradicciones. Antes de ser madre, juras y perjuras que jamás harás ciertas cosas, pero cuando te conviertes en mamá, te comes tus palabras. Dices que no vas a gritar a tus hijos y al final se acaba enterando hasta el vecino del quinto de cuándo sales por la puerta con ellos; te declaras antipantallas, pero cuando descubres que si le pones a tu hijo la tele o le dejas la tablet un ratito, te deja hacer las cosas de la casa tranquila, pues que vivan las pantallas.
Pues sí, yo les doy comida basura a mis hijos, les dejo ver la tele y les prometo regalos cuando quiero que se porten bien o hagan algo en concreto, lo que viene a ser un chantaje.
Pero es que hace poco ha caído en una de estas contradicciones típicas de las madres, una muy grave, algo que me prometí a mí misma que no haría jamás: he llevado a mis hijos al zoo.
Me considero animalista y una persona comprometida con los derechos de los animales. Desde el momento que decidí que quería ser madre, sabía que quería trasmitir a mis hijos el amor y el respeto por la naturaleza y los seres vivos.
Me encantan los animales, tenemos dos gatos y un perro adoptados de protectoras, estoy en contra de las corridas de toros y siempre compro huevos ecológicos de gallinas bien cuidadas. Y, por supuesto, era de esas persona que criticaban los zoos, los circos, los acuarios y demás lugares donde los animales se encuentran en cautividad o son usados para el espectáculo.
Pero cuando tus ideales de crianza se topan con las ilusiones y curiosidades de dos niños pequeños, te tienes que tragar tus principios. A mis hijos les encantan los animales, como a cualquier niño, supongo. Y quien soy yo para privarles de verlos de cerca, sin que sea a través de un video de YouTube.
Así que, un buen día, después de muchas preguntas sobre leones, osos y monos, mi marido y yo decidimos que sería una experiencia emocionante para ellos visitar el zoológico de nuestra ciudad. Reconozco que me debatí mucho internamente antes de tomar esta decisión. La parte de mí que defiende a ultranza la libertad de los animales no podía dejar de pensar en lo antinatural que es mantener a una criatura salvaje en una jaula, lejos de su hábitat y su familia. Pero luego está esa otra parte, la madre que quiere ver la emoción en los ojos de sus hijos, quiere responder a sus preguntas y alimentar su curiosidad.
Cuando llegamos al zoo, me invadió una mezcla de emociones. Por un lado, no podía negar que mis hijos estaban extasiados. Sus caritas iluminadas al ver por primera vez a un elefante tan cerca, me llenaron de una alegría inmensa. Las jirafas nos impresionaron a nosotros también, no me esperaba que una jirafa fuera tan alta, tan majestuosa.
A los diez minutos de estar allí, ya tenía claro que había sido una buena idea ir al zoo. Mis hijos disfrutaron y nosotros como padres también. He de decir, que no me olvidé de darle la típica charla moralista a mi hijo mayor, ya sabéis, aquello de que los animales están mejor en su hábitat natural, que debemos reciclar y cuidar el medio ambiente, bla, bla, bla.
Supongo que mi única intención era intentar sentirme mejor conmigo misma por haber caído en algo que juré y perjuré que nunca haría: llevar a mis hijos al zoo. Pero, cómo os decía antes, la maternidad está plagada de contradicciones, y la madre que diga que ella no ha cometido ninguna, que sigue a rajatabla sus principios e ideas de antes de ser madre, claramente está mintiendo.
Para terminar la visita, pasamos por la tienda de regalos y les compré a mis hijos unos peluches y un imán para la nevera. Ahora cada vez que ven el imán en la cocina me preguntan que cuándo volvemos al zoo.
Al final, aunque soy una persona profundamente animalista y creo en la protección y el respeto hacia todos los seres vivos, también soy madre. Y, como tal, las ilusiones y las sonrisas de mis hijos tienen un peso enorme en mis decisiones.
Por eso, aunque soy consciente de las críticas hacia los zoológicos y acuarios, no pienso renunciar a llevarlos a estos lugares. De hecho, después de la bonita experiencia de nuestra visita al zoo, tengo la intención de seguir visitando otros parques y acuarios.
Me van a criticar por ello, lo sé, pero otra cosa que aprendes cuando eres madre es que, hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que te diga que está mal, así que haz con tus hijos lo que te salga del co–razón.
Ver a mis hijos disfrutar, aprender y maravillarse ante la diversidad de la vida vale más para mí que mis propios principios.
