Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
¿Soy una reprimida?
Tengo 36 años, trabajo estable desde hace 12 que además, es para el que estudié. Me casé hace 3 años, compramos la casa que a ambos nos gustaba y tenemos un hijo de 2 que es una maravilla. Vamos, las cosas básicas que se esperan de una persona de mi edad (red flag, lo que se espera de uno, pero ya entendéis la expresión) y cosas que para mi se traducen en éxitos en mi vida y que realmente, me hacen feliz.
Soy una persona madura, que ha viajado, que tiene su círculo de amigos, experiencia laboral… No sé, me siento bastante completa y valorada en muchos aspectos de mi vida. Pero entonces, ¿por qué coño no soy capaz de todas esas cosas que no soy capaz? Que por pequeñas que sean, me traen ratos y ratos de automachaque. ¿Por qué no me atrevo a contestar a ciertas personas siendo que en mi casa monto los pollos más tremendos? ¿Por qué a veces sigo pidiendo cerveza cuando yo en ese momento lo que quiero es un puto mosto? Y, ¿por qué no les respondo a mis amigas que se vayan a a mierda cuando me piden parte de dinero que no me corresponde pagar pero en lugar de eso voy y se lo pago? ¿Por qué pienso en qué dirán de mi cuando me vean correr con una técnica pésima? ¿Por qué sigo aceptando una invitación cuando no quiero asistir a esa boda?.
Estrés, nervios, frecuentes olvidos, sueños raros, ganas de pirarme de ciertos encuentros sociales…por algún lado tiene que escapar todo aquello que yo misma condeno a quedarse bien adentro . ¡Anda y a tomar por culo! Tengo el autoestima baja, pero bien trabajadita y creo, por suerte, que me acerco a ese momento en el que ser fiel a una misma empieza a ser más frecuente que tratar de encajar, agradar, disimular o evitar conflictos.
Querámonos bien y seamos la mejor compañía con la que pasar el tiempo. No quiero decir con esto que borremos todos los filtros y perdamos el amor y respeto hacia aquellos que nos rodean, pero, sí hago un llamamiento a nuestros ovarios para hacer lo que realmente nos salga de ellos. Te animo, a ti, si te reconoces en esta autocensura, a hacer una vez más la reflexión (que seguro no es la primera), de si te compensa seguir así. A mí, no. Así que me comeré un segundo croissant si me apetece, me compraré la camiseta que más me guste aunque no se parezca a las que van a llevar mis vecinas para salir de fiesta y dejaré de pedir que me recomienden un buen libro que luego no voy a leer.