Todo esto va de un «ex».
Cuando una pareja se rompe casi siempre uno de ellos es un «ex». Los «ex» son especímenes que desean a las que fueron sus compañeras de viaje cuando las han empujado del tren en marcha.
Mi pareja me dejó hace ya un año. Dos meses después volvió a escribir. Tres meses después me dijo que me quería, pero se retractó pocos días después. Meses más tarde no lo recordaba. ¿Un capullo de manual? No lo sé, pero no lo parecía y me convencí a mí misma de que así era. Lo hacía más fácil.
Pasaron más cosas entre nosotros; ambos cometimos errores, perdonables o no, que se debían sobre todo a que para los dos era la primera vez. No le guardo rencor.
A lo largo del último año ha estado escribiendo una vez al mes. Ese «Hola, ¿qué tal?» que llega cuando menos lo espero me enfada y me gusta por igual. Me escudo en el «fue mi primer todo, no quiero acabar mal con él» para darme licencia de contestar y mantener una conversación agradable con él. Pero es peligroso, es droga y cuando termina, siento la necesidad de más. Él me echa de menos y cada mes vuelve a por su dosis, a mí me la aporta y recaigo como si estuviese a dieta y me ofrecieran palmeras de chocolate. Nunca he tenido una fuerza de voluntad de la que pueda presumir.
Hace una semana volvió a escribir (la cuota mensual). Entre otras cosas, compartimos detalles acerca de nuestras actuales nulas vidas amorosas y admitimos que nos echábamos de menos. Pregunté si íbamos a seguir con la dinámica de hablar una vez al mes, incluso bromeé sobre hablar una vez al año, y respondió con un firme «No».
Ya se había mostrado atento y cariñoso otras veces antes de volver a olvidarse de mí hasta el mes siguiente. Y ésta vez no tenía por qué ser especial.
Después de un año alejados, se parece más a la persona de la que me enamoré en primer lugar que al capullo que me dejó. ¿O son imaginaciones mías? Yo sí he cambiado; él también se ha dado cuenta.
Hoy le he dicho que quería hablar con él de forma más seria. Creo que me he precipitado porque llevamos tonteando menos de una semana, pero llevamos más de un año mareando la perdiz. Sobre todo él.
Ya no sé lo que siento, pero saber lo que siente y, sobre todo, lo que quiere, puede ayudarme a aclarar las ideas. ¿O no? ¿Voy a anteponer sus sentimientos a los míos? No, sólo necesito ver madurez emocional en un chico que siempre detestó tocar estos temas. O comprobar que sigue siendo el mismo y pasar página.
Por cierto, aún no ha contestado.
Cualquier sugerencia es bienvenida.
Gracias por leer.